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Fiestas y ferias

Festa da Istoria de Ribadavia: Sumérgete en la magia medieval

No es una recreación medieval inventada para el turismo: los registros municipales de Ribadavia documentan la Istoria entre 1693 y 1865, con el Ayuntamiento pagando a los actores y eligiendo las obras. Desapareció tras la revolución de 1868 y se recuperó en 1989. Qué se representa, por qué se paga en maravedís y qué época evoca realmente.

Festa da Istoria - Escena

La explicación tradicional y oficial atribuye la grafía a una falta de ortografía. En los registros municipales de Ribadavia de los siglos XVII, XVIII y XIX aparece escrita así, istoria, por una confusión que además acercaba la palabra al término del gallego medieval estoria. Cuando la fiesta se recuperó en 1989 se conservó la grafía antigua, y por eso hoy se escribe sin hache.

Ese detalle resume bastante bien lo que es esta celebración: no una recreación medieval inventada para atraer turismo, sino la reactivación de una tradición local documentada durante casi dos siglos.

Lo que había antes: la Pantomima da Istoria

Alrededor del 8 de septiembre, Ribadavia celebraba —y celebra— las fiestas mayores de la Virgen del Portal. Y antes de esas fiestas se representaba otra cosa.

Los registros municipales documentan la celebración entre 1693 y 1865. Duraba entre cuatro y ocho días y atraía a gente de todo el Reino de Galicia. Los concejales, montados a caballo, recorrían la villa invitando a los vecinos a reunirse en la Plaza Mayor para presenciar una comedia llamada istoria.

Hay un dato revelador sobre cómo funcionaba aquello: el Ayuntamiento pagaba al autor, al director y a los actores, y se reservaba el derecho de elegir qué piezas se representaban. Es decir, el contenido estaba controlado por el poder municipal, lo que dice bastante sobre su carga política y religiosa.

Sobre qué se representaba exactamente, las dos referencias que se conservan no coinciden del todo. Leopoldo Meruéndano, alcalde de Ribadavia e historiador local nacido en 1845, relató que los vecinos, en lugar de las habituales luchas entre moros y cristianos, representaban en ocasiones un hecho de la historia del pueblo hebreo. Samuel Eiján lo describió de forma más genérica, como un hecho histórico elegido de antemano y consistente por lo general en una batalla.

La tradición desapareció tras la revolución de 1868, aunque durante la Restauración se documentan al menos dos representaciones aisladas, en 1885 y 1891.

Por qué reaparece la memoria judía

Aquí hay una secuencia que merece contarse despacio, porque explica el carácter de la fiesta.

La Inquisición fue abolida definitivamente en 1834. Y esa desaparición permitió que a lo largo del siglo XIX, de la mano de liberales y republicanos locales, se pudiera recuperar públicamente la memoria judía y judaizante de Ribadavia. Meruéndano, que fue quien más trabajó ese material, probablemente llegó a conocer aquellas representaciones hebreas antes de que se perdieran.

Esa memoria tiene base. La judería de Ribadavia fue una de las más importantes de Galicia y es hoy la mejor conservada. La villa cuenta además con la llamada Casa de la Inquisición, una casa del siglo XVI con fachada de estilo gótico tardío, y con el Centro de Información Xudía de Galicia, instalado en el pazo de la Plaza Mayor que también alberga la oficina de turismo.

De modo que lo que se representa cada agosto tiene tres capas: el pasado medieval de la villa, su comunidad judía y su relación conflictiva con la Inquisición.

Qué época se recrea, exactamente

Aquí conviene una precisión que casi ninguna guía hace, porque las fuentes oficiales no dicen lo mismo.

La fiesta se anuncia como medieval, y el Concello la describe como una representación del pasado medieval, judío y antiinquisitorial de la villa. Pero la ficha de Turismo de Galicia sitúa el momento evocado en la época de esplendor de la capital de O Ribeiro, alrededor del año 1600, cuando la comercialización del vino en el extranjero alcanzó cotas enormes y la comarca se convirtió en una comarca extraordinariamente próspera.

No es una contradicción insalvable: la villa tuvo su apogeo en un arco largo que va de la Edad Media a la Edad Moderna, y la fiesta mezcla elementos de ambos periodos. Pero quien vaya buscando rigor cronológico estricto conviene que lo sepa. Lo que hay es una evocación de un tiempo de esplendor, no la reconstrucción de un siglo concreto.

Y ese esplendor tenía una causa muy terrenal: el vino. El Ribeiro se exportaba a Inglaterra y a otros mercados europeos, y esa red comercial es la que hizo rica a la villa. La comunidad sefardí tuvo un papel destacado en ese comercio.

Los maravedís

Desde la edición de 1992, la fiesta pone en circulación su propia moneda: el maravedí.

No es un detalle decorativo improvisado. El maravedí fue la unidad monetaria predominante en la Edad Media, primero de oro, después de plata y finalmente de vellón —aleación de plata y cobre—, y mantuvo su hegemonía en los sistemas monetarios hasta comienzos del siglo XIX. La propia organización reconoce que recuperarlo fue un proceso largo, discutido internamente y difícil de poner en práctica.

Funciona así: es de uso obligatorio en los puestos ambulantes y los de artesanos dentro del circuito delimitado, y recomendable en el resto de establecimientos de la villa. Para conseguirlo hay un banco propio, el da Alhóndiga, y varias oficinas de cambio repartidas que dependen de él.

Lo primero que conviene hacer al llegar, por tanto, es cambiar dinero. Quien no lo haga se encontrará sin poder comprar nada en los puestos.

Cuándo y qué pasa cada día

La fiesta se celebra el último fin de semana de agosto. En su origen moderno era un solo día, el sábado anterior a las fiestas del Portal, y con los años ha crecido hasta ocupar de viernes a domingo. La edición de 2026 está anunciada para los días 28, 29 y 30 de agosto.

El programa varía cada año, pero hay elementos que se repiten: la lectura del bando por las calles, el gran mercado medieval en la judería, el campamento en el Castelo dos Sarmiento, la recreación de una boda judía, la cena medieval en el recinto del castillo, conciertos de música antigua en la iglesia de San Domingos, cetrería, tiro con arco y ajedrez viviente.

Un aviso práctico que suele pillar a la gente: en determinados espacios y franjas horarias, como el castillo durante el día, la vestimenta de época es obligatoria. La organización facilita alquiler de trajes, pero conviene contar con ello y con la cola correspondiente.

El programa exacto se publica cada verano, así que conviene consultarlo en la web de la organización antes de ir en lugar de fiarse de listados de años anteriores.

Dónde ocurre

El escenario es el casco histórico de Ribadavia, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1947, con el barrio judío como epicentro.

Los elementos que uno se va encontrando: el castillo de los condes de Sarmiento, del siglo XV, que conserva una necrópolis rupestre anterior; el pazo del XVII en la Plaza Mayor; la casa consistorial, que fue alhóndiga o mercado de los vecinos en el siglo XVI —de ahí el nombre del banco de la fiesta—; y las iglesias románicas de los siglos XII y XIII.

Ribadavia, según la tradición,  llegó a ser sede de la corte del rey García en el siglo XI, y ese es otro de los episodios que la villa reivindica en su relato sobre sí misma.

Cómo ir y qué esperar

Es una fiesta multitudinaria: llegan autobuses y coches de toda Galicia, y el casco histórico es pequeño y de calles estrechas. Conviene contar con problemas de aparcamiento y con aglomeración en las horas centrales del sábado, que es el día fuerte.

La combinación que mejor funciona es aprovechar el viaje para conocer la comarca. Estás en la capital de O Ribeiro, con bodegas y con el monasterio de San Clodio a pocos kilómetros, y las pozas de Melón quedan cerca para el día siguiente.

Y una cosa que distingue esta fiesta de otras recreaciones históricas: la participación vecinal es masiva y no es decorativa. Buena parte de la población se viste, actúa y atiende los puestos. Eso se nota en el ambiente y es, probablemente, la razón por la que una comedia municipal del siglo XVII sigue representándose trescientos treinta años después de que apareciera por primera vez en los libros del Ayuntamiento.

Referencias