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Un matrimonio sin filtros: quince años, una casa y ni un solo secreto

Javier Veiga escribe, dirige y protagoniza con Marta Hazas una comedia sobre una pareja que se separa sin hijos ni coche en común, pero con una sola casa.

Escena de "Un matrimonio sin filtros"

Una pelea de las de toda la vida

Toda familia que se precie guarda en su memoria al menos una mudanza catastrófica: el sofá que no cabía por la puerta, la vajilla de la abuela que nadie quería y todos reclamaban, el cuñado que se llevó la caja de herramientas «un momentito» y no volvió a dar señales hasta la siguiente boda. Javier Veiga ha tomado ese material, tan universal como el resfriado, y lo ha convertido en Un matrimonio sin filtros, una comedia que escribe, dirige y protagoniza junto a Marta Hazas.
El punto de partida tiene la sencillez de las grandes catástrofes domésticas. Marga y Jaime deciden separarse después de quince años de matrimonio. Como no hay críos de por medio, ni perro, ni siquiera un utilitario a nombre de los dos, ambos dan por hecho que el reparto será cosa de media tarde, rematada con un digno «Yo ya no quiero nada tuyo». La paz dura exactamente lo que tardan en descubrir que los dos quieren quedarse con la casa. A partir de ahí, cualquier parecido con una despedida civilizada es pura coincidencia.

Un autor que no se fía de nadie para hacer de sí mismo

Veiga pertenece a esa estirpe de hombres de teatro que, si les dejasen, venderían también las entradas y barrerían la sala al terminar. Firma el texto, la dirección y uno de los dos papeles, y lo hace con el aplomo de quien ya ha probado la fórmula. Con Hazas había compartido escenario en 5 y acción y en Amigos hasta la muerte. Esta última acabó convertida en película, su ópera prima, rodada en buena parte en Ourense, y le valió el premio a la mejor dirección en el Festival Internacional de Cine de Alicante de 2023.
La promoción anuncia que la función trata de cómo se apaga el amor, de lo enganchados que vivimos al móvil y de la posible relación entre una cosa y otra, «si la hubiere». Ese inciso final, con su aire de notario que no quiere comprometerse delante de testigos, resume bien el tono de la casa: mucha mala uva, pero servida con mantel y servilleta.

La ventaja de ensayar en casa

Marta Hazas Cuesta, santanderina de 1977, es pareja de Veiga en la vida real además de en los escenarios, y ese detalle el público no lo olvida ni un segundo. Uno se sienta en la butaca con la sospecha, deliciosamente malintencionada, de que algunos reproches no necesitaron demasiados ensayos. Ocurre lo mismo que en aquellas sobremesas de domingo en las que los abuelos discutían, con un rencor perfectamente conservado, sobre quién había perdido las llaves del coche en 1974, y los nietos acababan por comprender que aquello no era una guerra sino una forma de cariño con reglamento propio.
La obra juega a conciencia con esa frontera. Su planteamiento tiene algo de reality: el público hace de vecino con la oreja pegada al tabique, solo que aquí el tabique ha desaparecido y los trapos sucios se lavan a la vista de todos. Sin pudor y sin filtros, que para eso viene en el título.

El móvil, ese tercero en discordia

Si en los vodeviles de toda la vida el intruso era el amante escondido en el armario, aquí el papel lo ocupa un aparato de bolsillo que vibra siempre en el peor momento. El teléfono se ha instalado en la pareja como esos parientes que vienen a pasar un fin de semana y se quedan hasta Reyes: nadie recuerda haberlos invitado, pero todos les ceden la mejor silla y el último trozo de tortilla.
El equipo técnico acompaña con oficio: vestuario de Pedro del Hierro, iluminación de José Gallego, escenografía de Alejandro Andújar y Alberto González como ayudante de dirección. La función ronda la hora y media larga y, a juzgar por cómo la anuncia el auditorio Baluarte de Pamplona, no da tregua: el espectador se reconoce en tantas escenas que acaba riéndose de su propia casa. Que, bien mirado, es la única terapia de pareja que se paga con entrada y no con factura.

Un consejo de veterano

Vaya acompañado, ríase sin mirar de reojo y, a la salida, no le pregunte a su pareja de qué se reía exactamente en según qué momento. Hay preguntas que, como ciertas mudanzas, es mejor no empezar.

Próximas representaciones

Lugo · Auditorio Municipal Gustavo Freire

Entradas desde 25,3 € Entradas

Ourense · Teatro Principal de Ourense

Entradas desde 16,6 € Entradas
Entradas desde 16,6 € Entradas

Cangas · Auditorio de Cangas

Pontevedra
Entradas desde 25,6 € Entradas

Marín · Auditorio de Marín

Pontevedra
Entradas desde 28,6 € Entradas

Santiago de Compostela · Teatro Compostela (antiguo Teatro La Salle)

A Coruña
Entradas desde 26,4 € Entradas