Dolce far niente: la dulce vida, vista desde el otro lado del mostrador
Lucía Satta y el colectivo Desattada llevan al Salón Teatro una tragicomedia sobre la precariedad laboral que sigue el viaje de una pizza desde la cocina hasta la mesa.
El arte de no hacer nada, a toda velocidad
Los italianos, que para estas cosas siempre han ido un paso por delante, tienen una expresión preciosa para el placer de no hacer absolutamente nada: dolce far niente. Es lo que practica el cliente que, bien recostado en la silla de una pizzería, estudia la carta como quien contempla un atardecer y pide una margarita «sin prisa, eh». Lo que ese caballero ignora es que su dulce ociosidad descansa sobre un pequeño infierno de hornos, comandas y fregaderos situado a tres metros de su mesa.
Dolce far niente, coproducción del Centro Dramático Galego con el colectivo Desattada, propone justamente ese viaje: acompañar a una pizza desde que la masa se estampa contra la encimera hasta que aterriza, humeante y ajena a todo, delante del comensal. El propio montaje se define como tragicomedia, y basta haber trabajado un verano de camarero para entender que las dos mitades de la palabra son igual de imprescindibles.
Una autora que sabe de lo que habla
Lucía Satta firma la dramaturgia y la dirección escénica, y no escribe de oídas. Según la Xunta, la pieza bebe de su propia experiencia en una cadena de comida rápida, ese lugar donde la juventud aprende, entre bandejas y freidoras, más sobre la condición humana que en cuatro cursos de filosofía. De ahí sale una reflexión sobre la precariedad laboral, la identidad y lo difícil que resulta seguir siendo uno mismo cuando el turno empieza a las siete y el encargado ya llega torcido.
Es la ópera prima de Desattada y viene con buenas credenciales: se llevó el primer premio en la modalidad Teatro Pro del certamen Xuventude Crea 2025. Después pasó por las residencias DescArtes, que el CDG y la Cidade da Cultura impulsan para apoyar el talento emergente. El 28 de marzo, el colectivo enseñó en el Gaiás, en forma de conferencia escénica, lo que se había quedado fuera del montaje final, que es algo así como invitar a los vecinos a ver las sobras antes de servir la cena. Ahora forma parte de la temporada 2026-2027 del Centro Dramático Galego.
Dos actores para todo un restaurante
Sobre el escenario están Jorge Destar y Ana Oca, con la dirección artística a cargo de Nononon.lab. Dos intérpretes para sostener una cocina y un comedor es lo que cualquier hostelero llamaría, con una sonrisa resignada, «plantilla ajustada». Y tratándose de una obra sobre la precariedad, no parece que sea casualidad.
Al otro lado de la barra, promete la presentación del espectáculo, los clientes cantan, discuten, protestan, se ríen y, cuando les queda un rato libre, comen. Quien haya celebrado alguna vez una comida de domingo en familia conoce bien a esa fauna: el tío que devuelve el plato porque «esto no estaba así en mis tiempos», la mesa que canta el cumpleaños con la desgana de un coro parroquial en agosto, el crío que se escapa a bailar entre las sillas y la pareja que se pelea en voz baja convencida de que nadie la oye. Cualquiera de ellos, sentado en el patio de butacas, corre serio peligro de reconocerse.
Una orquesta de cazuelas
Uno de los rasgos más curiosos del montaje es su paisaje sonoro. El horno, la campana extractora o el lavavajillas no hacen de decorado, sino de orquesta. Quien haya vivido encima de un restaurante sabe que esa sinfonía tiene sus movimientos: el adagio de media mañana, cuando alguien corta cebolla tarareando; el allegro furioso de las dos y media, con las comandas llegando como cartas de acreedores; y el silencio sospechoso del cierre, cuando el último de la plantilla friega sartenes pensando en sus cosas.
El título, por supuesto, es pura ironía. Nada más alejado del placer de no hacer nada que una cocina en hora punta, y la obra se apoya en ese contraste para hablar de algo bastante menos sabroso que la mozzarella: lo que cuesta, en horas y en vida, que la comida llegue caliente a la mesa. Si cumple lo que promete, será teatro que se ríe del trabajo sin reírse de quien lo hace, que no es poco.
Un consejo de veterano
Vaya con hambre, pero cene después. Y la próxima vez que pida la cuenta dibujando una firma en el aire, acuérdese de que al otro lado de la puerta batiente hay alguien que lleva siete horas sin sentarse. Esa persona también sabe pronunciar dolce far niente; lo que no tiene es ocasión de practicarlo.
Próximas representaciones
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