Carriarico y Santa María Nai: el rey que quizá no existió
La tradición ourensana atribuye a un rey suevo la fundación de Santa María Nai, en agradecimiento por la curación de su hijo con reliquias de San Martín de Tours. El problema es que ese rey solo aparece en una fuente, y la Real Academia de la Historia considera el relato posiblemente legendario. Qué se sabe, qué se cuenta y qué queda en pie.
En la fachada barroca de Santa María Nai, en pleno centro de Ourense, hay ocho columnas de mármol que no encajan con el resto del edificio. Son mucho más antiguas y proceden de los templos que ocuparon antes ese solar. Las fichas oficiales las describen como bajorromanas o visigóticas y las relacionan con las de Santa Comba de Bande; alguna fuente las fecha en los siglos V o VI.
Esas columnas son lo único que queda, físicamente, de una historia que la ciudad lleva contando mil quinientos años. Y el protagonista de esa historia es un rey del que la Real Academia de la Historia dice, con todas las letras, que su relato tiene muchas posibilidades de ser enteramente legendario.
Lo que cuenta la historia
El relato procede de Gregorio de Tours, obispo franco que escribió su Historia Francorum entre 573 y 579, además de una obra dedicada a los milagros de san Martín.
Según ese texto, la lepra era frecuente en la Galicia del siglo VI, y el hijo del rey suevo la contrajo. Los suevos eran entonces arrianos. El rey, que había oído hablar de los prodigios atribuidos a Martín de Tours, prometió abrazar la fe del santo si su hijo sanaba. Mandó una embajada a Tours, trajo reliquias, y el hijo se curó. Cumplió la promesa: él y su reino se convirtieron al catolicismo hacia el año 550, e introdujo en Galicia el culto a Martín, al que nombró beatus patronus.
La tradición ourensana añade el capítulo local. En agradecimiento, el rey habría mandado levantar dos templos en la ciudad: uno dedicado a San Martín, que sería la primitiva catedral, y otro a Santa María, que es el origen de Santa María Nai.
Esa parte no está en Gregorio de Tours. Es memoria de la ciudad, transmitida y consolidada durante siglos, y conviene decirlo sin que eso le reste valor: las tradiciones fundacionales son documentos sobre cómo una comunidad se entiende a sí misma, aunque no lo sean sobre el siglo VI.
El problema con Carriarico
Aquí es donde el asunto se vuelve interesante de verdad.
Gregorio de Tours es la única fuente que menciona a este rey. Su nombre —que aparece escrito como Carriarico, Cariarico, Karriarico o Chariarico— no consta en ningún otro documento antiguo. Y la finalidad del texto en el que aparece no es histórica sino devocional: Gregorio está construyendo el prestigio milagroso de su propio santo patrón, de modo que una conversión obrada a distancia le venía perfecta y no necesitaba demasiada precisión.
Frente a esa versión, las otras fuentes dan nombres distintos. Isidoro de Sevilla, en su Historia Suevorum, atribuye la conversión al rey Teodomiro. Las actas del I Concilio de Braga, celebrado en 561, mencionan a Ariamiro como el monarca que permitió reunirse a los obispos católicos. Y Juan de Biclaro apunta en otra dirección todavía.
La Real Academia de la Historia recoge las hipótesis que se han manejado: que Carriarico sea una confusión con Ariamiro, o incluso con Teodomiro. Según cómo se combinen las propuestas, los reyes de este episodio pueden ser tres, dos o uno solo. Si se acepta su historicidad, habría reinado antes de 558 o 559, cuando Ariamiro ya ocupaba el trono.
Dicho de otro modo: existe una tradición firme sobre una conversión que efectivamente ocurrió, y una incertidumbre considerable sobre quién la protagonizó.
Por qué se convierte un reino
La lectura histórica del episodio, al margen del milagro, es bastante clara y bastante más interesante.
El reino suevo llevaba desde 411 instalado en la Gallaecia y era el primer reino germánico estable de Occidente. A mediados del siglo VI se encontraba en una posición delicada: rodeado por los visigodos, que también eran arrianos y bastante más fuertes, y gobernando sobre una población galaicorromana mayoritariamente católica.
Pasarse al catolicismo resolvía las dos cosas a la vez. Unía a la monarquía con sus propios súbditos y con la jerarquía eclesiástica local, y abría la puerta a alianzas con los francos y con el imperio bizantino, ambos enemigos de los visigodos. No es casual que el hombre clave de la operación, Martín de Braga —también llamado Martín de Dumio—, llegara de Panonia después de haber pasado por el Oriente bizantino, ni que su llegada coincida con el desembarco bizantino en el sur peninsular.
Ese Martín fundó el monasterio de Dumio, impulsó los concilios de Braga de 561 y 572 y el de Lugo de 569, y organizó la iglesia sueva con sedes propias y dos metrópolis, Braga y Lugo, para desligar las diócesis del control de Mérida, que estaba en territorio visigodo. También escribió el De correctione rusticorum, un tratado contra las supersticiones campesinas que hoy es una de las mejores fuentes que existen sobre las creencias populares gallegas de la época.
La historiografía actual tiende a leer la conversión como un proceso de varios años, no como un acto único provocado por una curación. Lo cual no obliga a descartar la historia de las reliquias: encaja bien como el episodio que la memoria retuvo de un cambio que fue, en realidad, mucho más lento y mucho más calculado.
Qué queda de todo esto en Ourense
Más de lo que parece, aunque haya que saber mirarlo.
La dedicación de la catedral. El templo mayor de Ourense está bajo la advocación de San Martiño, y esa es la huella más persistente del culto que, según el relato, introdujo el rey suevo. Una ciudad gallega con catedral dedicada a un obispo de la Galia no es algo que ocurra por casualidad.
El solar de Santa María Nai. Se considera el emplazamiento probable de la primitiva catedral de la ciudad. Aquel edificio fue destruido en 716 durante las incursiones musulmanas, y una inscripción lateral recuerda su reconstrucción en 1084. Esa fábrica medieval se demolió en 1722 para levantar la actual, barroca, impulsada por el obispo Marcelino Siuri.
Las columnas. Al rehacer el templo se reaprovecharon ocho columnas dobles de mármol con sus capiteles, repartidas entre el segundo y el tercer cuerpo de la fachada. Son de estilo bajorromano o visigótico y provienen de los edificios anteriores.
Merece la pena detenerse en eso un momento. La fachada que hoy se fotografía es de 1722, pero incorpora piezas de mil doscientos años antes, colocadas por unos maestros del siglo XVIII que decidieron conservar lo que quedaba del templo viejo en lugar de tirarlo. Es la misma lógica que se ve en la fachada de Praterías, en Santiago: edificios que van heredando trozos de sí mismos.
Cómo verlo
Santa María Nai está en el ángulo sudeste de la Praza Maior, junto al pazo episcopal, sobre una escalinata que enlaza con la praza da Magdalena. El acceso al interior es en horario de culto.
Para las columnas no hace falta entrar: se ven desde la plaza, y conviene mirarlas a media mañana, cuando la luz entra de lado y se aprecia la diferencia de labra entre los capiteles antiguos y la piedra dieciochesca que los rodea.
Dentro, el retablo mayor churrigueresco preside la imagen de Santa María Madre, protagonista de la ceremonia del Desplante que se celebra el Domingo de Resurrección. Y a cincuenta metros están la catedral de San Martiño y, un poco más allá, As Burgas, de modo que todo el conjunto se recorre en una mañana.
Quedará la duda de quién mandó levantar el primer templo. Puede que fuera Carriarico, puede que Ariamiro, puede que Teodomiro, y puede que ninguno de los tres tuviera nada que ver con Ourense. Lo que sí es seguro es que alguien labró esas ocho columnas mucho antes de que existiera la iglesia actual, y que en 1722 alguien decidió que valía la pena volver a ponerlas en pie.
Referencias
- Real Academia de la Historia — Karriarico — carácter posiblemente legendario del relato, ausencia del nombre en otras fuentes, hipótesis de confusión con Ariamiro o Teodomiro y horquilla cronológica.
- Carriarico (Wikipedia) — relato de Gregorio de Tours en la Historia Francorum, fechas de redacción, introducción del culto a Martín de Tours y sucesión de Ariamiro.
- Reino suevo (Wikipedia) — discrepancia entre Gregorio de Tours e Isidoro de Sevilla sobre el autor de la conversión, y concilios de Braga de 561 y 572.
- La historia del reino suevo de Gallaecia — lectura política de la conversión, llegada de Martín de Braga desde Panonia y reorganización eclesiástica con las metrópolis de Braga y Lugo.
- El reino suevo de Gallaecia (411-585) — finalidad hagiográfica del texto de Gregorio y combinaciones posibles entre Carriarico, Ariamiro y Teodomiro.
- Turismo de Ourense — Iglesia de Santa María Nai — emplazamiento probable de la primitiva catedral, inscripción de la reconstrucción de 1084, demolición en 1722 y columnas conservadas.
- Iglesia de Santa María Madre (Wikipedia) — destrucción del templo primitivo en 716, número y disposición de las columnas y capiteles y su datación en los siglos V o VI.
- Galicia Máxica — Iglesia Santa María Nai — maestros de obra de la fábrica barroca iniciada en 1722 y reaprovechamiento de columnas de los templos anteriores.