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Historia y patrimonio

Praza das Praterías: una fachada hecha de piezas ajenas y un edificio que solo es fachada

La única fachada románica que conserva la catedral de Santiago está montada con piezas que vienen de otras puertas, incorporadas tras los incendios de 1117 y 1758. Enfrente, la Casa do Cabido tiene poco más de tres metros de fondo: es un telón de piedra levantado para cerrar la plaza.

Praza das Praterias - Santiago de Compostela

La fachada de Praterías está mal montada, y lo está a propósito. Si al mirarla se tiene la sensación de que las figuras no encajan —que unas son mayores que otras, que algunas parecen colocadas donde cupieron—, la sensación es correcta. Buena parte de lo que se ve en el muro sur de la catedral llegó de otras puertas del edificio, y llegó en momentos distintos, a lo largo de setecientos años.

Es, además, la única fachada románica que conserva la catedral de Santiago. Las otras tres se rehicieron: el Obradoiro y la Porta Santa en barroco, la Azabachería en neoclásico. Praterías sobrevivió, aunque a costa de convertirse en el almacén donde se recolocó lo que se salvaba de las demás.

Por dónde se entraba y por dónde se salía

El conjunto medieval tenía un guion. El peregrino entraba por el norte, la Porta do Paraíso o Francígena, donde veía la caída en el pecado y la promesa de redención. Recorría el templo. Y salía por el sur, por Praterías, donde esa promesa aparecía cumplida en la vida de Cristo: encarnación, predicación, pasión. Al oeste, el Pórtico de la Gloria, entonces visible desde el exterior, mostraba la Jerusalén celeste que esperaba después del Juicio.

Ese recorrido narrativo se rompió. Las modificaciones sucesivas dejaron cada puerta descolgada de las demás, y hoy solo Praterías conserva sus relieves originales, mezclados con los intrusos. Quien llega desde Monte do Gozo siguiendo el Camino ya no repite ese itinerario, entre otras cosas porque la puerta por la que debía entrar no existe.

Tres mudanzas y un incendio

La primera fecha está grabada en una jamba: ERA ICXVI V IDUS JULLII, el 11 de julio de 1078, la colocación de la primera piedra. La estructura y la mayor parte de la decoración suelen fecharse entre ese año y 1103, y la portada quedó levantada hacia 1117.

Ese mismo año llegó el primer desastre. Durante la revuelta de los burgueses contra Diego Xelmírez, un incendio dañó gravemente la fachada. Al rehacerla se cambiaron piezas de sitio, y se incorporaron esculturas concebidas para una portada occidental que probablemente nunca llegó a construirse, anterior al Pórtico de la Gloria.

La segunda mudanza fue mayor. En 1758 ardió la Porta do Paraíso, la fachada norte que Mestre Bernardo había levantado en 1122. El cabildo decidió demolerla y sustituirla por la actual Azabachería. Las esculturas que se salvaron se repartieron: unas fueron al museo catedralicio y otras se empotraron aquí. Y traían un problema de fondo, porque el programa del Paraíso trataba de la Creación y el pecado, mientras el de Praterías trataba de la Redención. Al mezclarlos, el muro sur quedó contando dos historias a la vez.

La tercera intervención es reciente y suele pasarse por alto: en 1884, el canónigo Antonio López Ferreiro colocó en el friso varias estatuillas procedentes del coro pétreo del maestro Mateo, desmontado siglos antes. De ahí que en un mismo friso convivan piezas de por lo menos cuatro talleres y cuatro momentos.

Qué mirar, y con qué reservas

En el contrafuerte izquierdo está el rey David sentado, con las piernas cruzadas y un instrumento de cuerda en las manos, una de las esculturas más citadas del románico gallego. Cerca, la creación de Adán. Ambas vienen de la fachada del Paraíso.

En el tímpano izquierdo aparece una mujer sosteniendo una calavera en el regazo. El Códice Calixtino ya la identificaba como una adúltera obligada a besar la cabeza de su amante, y esa lectura se repite en guías y visitas desde hace ochocientos años. La historiografía moderna la discute: hay quien propone que representa a Eva, madre de los pecadores, coherente con el programa de la Creación del que procede la pieza. Conviene escuchar la historia del Calixtino sabiendo que es una interpretación medieval, no una etiqueta.

El tímpano derecho es más legible: escenas de la pasión, con la adoración de los Reyes en la parte alta.

El edificio que es solo una fachada

Enfrente, cerrando la plaza por el sur, está la Casa do Cabido. Tiene tres alturas, balaustrada, gárgolas en las esquinas y una fachada de barroco de placas de las mejores de Compostela. Y detrás no hay casi nada: poco más de tres metros de fondo, con puntos en los que el interior se estrecha por debajo de esa cifra. Es un telón de piedra.

No fue un accidente. Hacia 1750 el cabildo decidió cerrar la plaza con un frente digno y compró dos de las tres viviendas que ocupaban el solar para derribarlas; la tercera, en la esquina con la rúa da Raíña, quedó fuera del proyecto. El encargo iba a ser para Fernando de Casas Novoa, autor del Obradoiro, pero murió en 1750 y pasó a su discípulo Clemente Fernández Sarela, que lo construyó entre 1754 y 1758. La obra le sirvió de ascenso: firmó la inscripción de la fachada como architecto, no como aparejador.

Fue sede del cabildo hasta que la desamortización de Madoz, en 1855, la pasó a manos privadas. El Consorcio de Santiago la restauró en 2011 y hoy funciona como sala de exposiciones, con entrada libre.

Merece la pena mirarla a primera hora. La fachada está orientada al norte y recibe luz difusa casi todo el día, lo que acentúa el efecto de decorado pintado; con el sol bajo de la mañana, el relieve de las placas se lee mucho mejor.

Lo que la plaza fue antes de ser una foto

El nombre viene de los obradores de plateros instalados desde la Edad Media en los soportales, y todavía hoy hay joyerías en los bajos, igual que los azabacheros dieron nombre a la plaza del otro lado y siguen vendiendo recuerdos de peregrinación a pocos metros.

Pero el oficio era solo una de sus funciones. Praterías fue nudo de comunicaciones, escenario de ceremonias y lugar de asilo: un espacio acotado donde quien se acogía a la inmunidad eclesiástica quedaba a salvo. En tiempos de Xelmírez, con el palacio arzobispal levantado justo al lado, el espacio ante la puerta sur llegó a usarse como escenario judicial. La plaza donde hoy se hacen fotos fue durante un tiempo un juzgado al aire libre.

El aspecto actual es muy posterior. Los dos niveles unidos por la gran escalinata son obra de Simón Rodríguez, y la Fonte dos Cabalos, que la centra, se colocó en 1829: cuatro caballos marinos, un pedestal y una figura femenina que alza la estrella de Compostela. Se ha señalado que la fuente inspiró a Federico García Lorca su Danza da lúa en Santiago, y la Casa do Cabido, a Valle-Inclán el relato Mi hermana Antonia.

Cómo verla

Es la más pequeña de las cuatro plazas que rodean la catedral y la que peor tolera el gentío. A media mañana en verano, con los grupos guiados haciendo cola y la escalinata ocupada, la fachada se ve a trozos. Primera hora, última hora de la tarde y los meses fuera de temporada cambian por completo la experiencia, y no solo por el número de gente: la luz rasante saca el relieve del friso, que con el sol alto se aplana y se vuelve ilegible.

La plaza es de acceso libre y permanente. La Casa do Cabido abre de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 —en verano, de 17:00 a 21:00—, los domingos de 11:00 a 14:00, y cierra los lunes, con entrada gratuita. Los horarios de las salas municipales cambian con frecuencia, así que conviene confirmarlos en la web de Turismo de Santiago antes de contar con ellos. Para entrar en la catedral, comprueba también qué puerta está operativa: el acceso de visitantes se ha modificado varias veces en los últimos años.

Y una advertencia menor. Los prismáticos ayudan más que la cámara. El friso queda alto, las figuras son pequeñas y la diferencia de escala entre las piezas originales y las que llegaron después solo se aprecia de cerca. Esa diferencia es, en el fondo, lo que cuenta la historia del edificio: una catedral que fue rehaciéndose a pedazos y que, cuando tiraba una puerta, guardaba los restos en la única que seguía en pie.

Referencias