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Xacobeo

El Códice Calixtino: la guía firmada por un papa que llevaba años muerto

Los cinco libros del Códice Calixtino se abren con cartas firmadas por el papa Calixto II, muerto años antes de que se compilara el manuscrito. Dentro hay sermones, milagros, la muerte de Roldán, una de las polifonías a tres voces más antiguas que se conservan y la primera guía del Camino. Qué contiene, quién lo hizo y qué pasó en 2011.

Códice Calixtino

Cada uno de los cinco libros del Códice Calixtino se abre con una carta del papa Calixto II. El problema es que Calixto II murió en 1124 y el manuscrito se compiló, con toda probabilidad, entre 1138 y 1145. Las cartas son falsas, y lo son deliberadamente.

No es un detalle escandaloso ni un descubrimiento reciente: la atribución a una autoridad prestigiosa era un recurso habitual en la Edad Media para dar peso a un texto. Pero conviene empezar por ahí, porque explica qué clase de libro es este. El Calixtino no es una crónica neutral. Es una operación de promoción del sepulcro compostelano, muy bien hecha y con ochocientos años de éxito continuado.

Cinco libros que no van del mismo asunto

Lo que se conoce como Códice Calixtino es el ejemplar de Compostela del Liber Sancti Iacobi, del que existen cerca de doscientas copias repartidas por Europa. El de la catedral es el más antiguo y el más completo, y de ahí su importancia.

El libro primero es el más extenso con diferencia: sermones, homilías y textos litúrgicos para las fiestas del apóstol. Es la parte que nadie lee hoy y la que justificaba la existencia del volumen dentro de la catedral.

El segundo reúne veintidós milagros atribuidos a Santiago, repartidos por Europa. Funcionaba como material de predicación y como argumento comercial: un santo que responde.

El tercero narra el traslado del cuerpo desde Jerusalén hasta Galicia. Es el relato fundacional del culto, y conviene leerlo como lo que es, un texto devocional del siglo XII y no una crónica de hechos.

El cuarto es el más raro: la llamada Historia Turpini, atribuida al arzobispo Turpín, que cuenta las campañas de Carlomagno en Hispania y la muerte de Roldán. Estuvo separado del resto del volumen durante siglos y no se reincorporó hasta el siglo XX. Su función era conectar el culto jacobeo con la epopeya carolingia, que era el gran material narrativo de la Europa del momento.

Y el quinto es el que ha hecho célebre al conjunto.

La primera guía de viajes

El libro quinto se atribuye habitualmente a Aymeric Picaud, un clérigo francés, aunque la autoría no está cerrada. Describe las cuatro rutas francesas hacia los Pirineos, las etapas, los santuarios que conviene visitar, las obras de arte que hay que ver y —esto es lo que lo hace divertido— las costumbres de la gente con la que uno se va a cruzar.

Advierte de qué ríos tienen agua potable y cuáles matan al caballo. Reparte elogios y desprecios entre los pueblos del itinerario con una franqueza que hoy resultaría impublicable. Explica cómo funcionaba el comercio alrededor del templo, incluidas las conchas que los peregrinos compraban como prueba de haber llegado.

Y describe la catedral con detalle, lo cual tiene un valor documental enorme, porque describe el edificio anterior a las grandes reformas posteriores: el Pórtico de la Gloria se levantaría cuatro décadas más tarde, y la fachada del Obradoiro que hoy se ve es de seiscientos años después. Quien quiera imaginar cómo era el templo que veían los peregrinos del siglo XII tiene que leer este libro.

Que exista este texto explica bastante sobre cómo se construyó el Camino. Un santuario necesita reliquias, pero también necesita que alguien escriba cómo se llega hasta él.

La música que casi nadie espera

Hay una parte del códice que suele pasarse por alto y que interesa mucho fuera del ámbito jacobeo: un apéndice con piezas musicales polifónicas.

Entre ellas está Congaudeant catholici, considerada una de las composiciones a tres voces más antiguas que se conservan escritas. Para la historia de la música occidental, eso convierte al manuscrito compostelano en una fuente de primer orden, al margen de todo lo demás que contiene.

Quién lo hizo y para qué

La compilación se sitúa en las décadas centrales del siglo XII, en pleno mandato del arzobispo Diego Xelmírez, y todo apunta a que se impulsó desde su entorno. El detalle de la falsa atribución encaja bien en ese contexto: Calixto II había sido el papa que en 1120 concedió a Compostela el rango arzobispal, y era además hermano de Raimundo de Borgoña, el conde en cuya cancillería Xelmírez había empezado su carrera. Firmar el libro con su nombre no era una elección al azar.

Los especialistas se refieren al autor o compilador principal como Pseudo-Calixto. El resultado es una antología reunida a partir de materiales escritos en épocas distintas y con propósitos distintos, cosida después en un solo volumen con un objetivo común.

El robo de 2011

El 5 de julio de 2011 se descubrió que el códice había desaparecido de la caja fuerte del archivo catedralicio.

Lo que salió a la luz durante la investigación resultó tan revelador como el robo. Según las versiones que trascendieron, las llaves de la caja donde se guardaba el manuscrito estaban puestas en la cerradura y sin vigilancia. El deán acabó dimitiendo como archivero, reconociendo que la desaparición había sido determinante en esa decisión.

El 4 de julio de 2012, justo un año después, el manuscrito apareció envuelto en una bolsa de plástico en un trastero de Milladoiro, a las afueras de Santiago. El inmueble estaba vinculado a José Manuel Fernández Castiñeiras, electricista de la catedral durante veinticinco años. En el registro aparecieron además otras piezas de valor y más de un millón de euros en efectivo, resultado de sustracciones acumuladas durante años.

En el juicio, celebrado en enero de 2015, el acusado negó haber visto nunca el códice y declaró no recordar haber confesado el robo. La Audiencia Provincial de A Coruña lo condenó a diez años de prisión por hurto y blanqueo de capitales.

El episodio dejó una lección incómoda sobre la custodia del patrimonio: durante décadas, uno de los manuscritos medievales más valiosos de Europa estuvo guardado en condiciones que no habrían pasado el control de seguridad de un museo pequeño.

Dónde está y cómo verlo

Conviene aclararlo porque genera decepciones: el original no está expuesto. Se conserva en el archivo de la catedral, con las condiciones de acceso restringido que corresponden a un manuscrito de esa fragilidad, y su consulta directa está reservada a investigación acreditada.

Lo que sí es accesible son las ediciones facsimilares y las traducciones al castellano, que permiten leer el libro quinto entero, que es lo que la mayoría busca. Y en Santiago, el Museo Catedral programa exposiciones y contenidos sobre los fondos del archivo; merece la pena consultar qué hay en cartel antes de ir, porque cambia.

Y queda una lectura sobre el terreno. Con la descripción del libro quinto en la mano, se puede recorrer el entorno de la catedral comprobando qué sigue en su sitio y qué cambió. La fachada de Praterías es el mejor lugar para hacerlo, porque es la única románica que se conserva y porque el propio códice describe lo que allí había.

Un libro que se atribuyó a un papa muerto, que incorporó una batalla legendaria para engancharse a la épica de moda y que explicaba dónde no dar de beber al caballo, acabó siendo la razón por la que media Europa supo cómo llegar a Galicia. La operación funcionó.

Referencias