«La malquerida”. Una pedida de mano, un crimen y una copla que lo sabe todo
Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio revisan La malquerida de Benavente con Aitana Sánchez-Gijón como Raimunda, la madre, décadas después de haber debutado en la misma obra como Acacia, la hija.
En los pueblos de antes, una pedida de mano era un acontecimiento que movilizaba a media parroquia. Se sacaba el mantel bueno, se encargaban dulces, la madre de la novia llevaba tres días sin dormir y la vecina de enfrente, por pura casualidad, decidía regar los geranios justo a la hora en que llegaba la familia del novio. Todo el mundo miraba, todo el mundo opinaba y nadie se perdía un detalle. Jacinto Benavente tomó una de esas fiestas, la llenó de invitados y de buenos deseos y luego, en mitad de la noche, dejó caer un crimen. Así arranca Malquerida, la versión de La malquerida que firman Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio para ProduccionesOff, con Aitana Sánchez-Gijón al frente del reparto.
Una pedida que acaba en luto
La acción transcurre en Los Berrocales, la hacienda de verano de Esteban y Raimunda. Raimunda enviudó y se casó en segundas nupcias con Esteban, y su hija Acacia nunca se lo ha perdonado: odia a su padrastro con una tenacidad digna de mejor causa. Esa noche se celebra la pedida de Acacia con Faustino, y esa misma noche alguien mata al novio. Los hijos del Tío Eusebio, padre del muerto, señalan enseguida a Norberto, sobrino de Raimunda y primer pretendiente de la muchacha, aunque en el pueblo hay quien sabe que es inocente.
Mientras tanto, El Rubio, capataz de la hacienda, va echando leña a las rivalidades entre familias, y Raimunda, decidida a llegar al fondo del asunto, no parará hasta dar con una verdad que, como suele ocurrir con las verdades que se buscan con tanto empeño, acabará quemándole las manos. Por el camino afloran deseos ocultos y prohibidos, y el triángulo entre la madre, el marido y la hija se va cerrando como un cepo.
La copla, ese periódico de los pueblos
Antes de que existieran los grupos de mensajería, los pueblos tenían un sistema de información mucho más eficaz y bastante más cruel: la copla. Bastaba con que alguien le pusiera música a un rumor para que, en dos días, lo tararease hasta el sacristán. En la obra de Benavente, tras el crimen, empieza a sonar por las calles una que avisa: «El que quiera a la del Soto… tiene pena de la vida». Y remata llamando a Acacia, precisamente, la Malquerida, porque la quiere quien no debería quererla.
La malquerida se estrenó en 1913 y es una de las obras más emblemáticas de Benavente, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1922. Menéndez y Rubio le han quitado el artículo al título, y no por ahorrar tinta: según la directora, el trabajo a cuatro manos les permitió ir mucho más allá del texto de partida, y por eso la obra se llama hoy, a secas, Malquerida. Sin el artículo, el mote deja de sonar a etiqueta del pueblo y suena casi a nombre propio, que es una forma muy elegante de darle a Acacia la entidad que el chismorreo le negaba.
Del papel de hija al de madre
Aitana Sánchez-Gijón tiene con esta obra una relación que no se inventaría ni el guionista más sentimental. Debutó sobre las tablas a los 19 años precisamente en La malquerida, en el montaje que Miguel Narros dirigió en 1988, haciendo de Acacia, la hija. Décadas después vuelve a la misma historia desde el otro lado del conflicto: ahora es Raimunda, la madre.
Es lo que pasa en las familias con los trajes de las grandes ocasiones: la que un día estrenó el vestido acaba, años más tarde, ajustándoselo a la hija con los alfileres en la boca. Solo que aquí la herencia no es un vestido, sino una tragedia, y la actriz conoce de primera mano lo que siente la muchacha a la que ahora le toca plantar cara.
Una versión con raíz, música y humor
Menéndez cuenta que volvió a La malquerida al releer a Benavente con motivo del centenario de su Nobel, y que aquella relectura la conmovió lo bastante como para querer llevarla a escena. Con Rubio perfilaron más algunos personajes, prescindieron de otros para quedarse con la esencia de la tragedia y apostaron por la vertiente más poética del texto. También quisieron subrayar el erotismo que destila la obra, y el humor y la música como expresión de lo popular, de la raíz y de la tierra. La música y el espacio sonoro llevan la firma de Mariano Marín.
La directora describe el conflicto como el de una madre y una hija enfrentadas por una misma obsesión, dentro de un triángulo en el que nadie sale vencedor y todos acaban, en sus palabras, como «esquinas atrapadas en su propia geometría». En una entrevista con Artículo 14 explicó que el interés de recuperar hoy la obra está en cómo los afectos se convierten en obsesión y los lazos familiares en campo de batalla, algo que, por desgracia, no ha pasado de moda desde 1913.
Quién es quién
El reparto lo encabeza Aitana Sánchez-Gijón como Raimunda, junto a Juan Carlos Vellido como Esteban y Lucía Juárez como Acacia. Completan la familia, la casa y el vecindario Goizalde Núñez (Juliana), José Luis Alcobendas (Eusebio), Dani Pérez Prada (El Rubio), Álex Mola (Norberto) y Antonio Hernández Fimia (Faustino). Según recoge Artículo 14, Vellido ve a Esteban como un manipulador al que su propia pasión empuja hacia la ruina, mientras que la Acacia de Juárez carga con un resentimiento y un desamor que la arrastran a repetir la misma violencia que ha heredado. La escenografía es de Alfonso Barajas, el vestuario de Rafael Garrigós y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo. La función dura unos ochenta minutos y se recomienda a partir de 16 años.
La crítica ha recibido el montaje con atención y con matices. Revista Tarántula destacó una Raimunda contenida, que guarda la intensidad para el momento en que teme perder a Esteban. Cinemagavia y Kritilo coincidieron en la fuerza de Lucía Juárez como Acacia, y Cantabria24Horas señaló a Goizalde Núñez como probablemente la que más aplausos se llevó. No todo fueron elogios: a Kritilo le costó creerse al Esteban de Vellido y echó en falta otro ritmo en la escena final. Que una tragedia de 1913 siga provocando discusión a la salida es, en sí mismo, una buena noticia.
Una productora con vocación de autor
Detrás del montaje está Producción Alternativa Contemporánea Off, una productora independiente fundada en 2013 por la actriz y productora Mónica Regueiro, con vocación autoral y querencia por los asuntos sociales tratados desde lo íntimo. En su catálogo figuran títulos como El traje, de Juan Cavestany, con Javier Gutiérrez y Luis Bermejo; Los amigos de ellos dos, dirigida por Daniel Veronese; Animales de compañía o Principiantes, la adaptación de relatos de Raymond Carver dirigida por Andrés Lima. Con Malquerida, la casa pone esa mirada contemporánea al servicio de un clásico de 1913.
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Un consejo de veterano: preste atención a la copla. En los pueblos, lo que se canta por la calle suele saber bastante más de lo que aparenta, y en esta historia, más todavía.
Próximas representaciones
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