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La Lagoa de Cospeito: el humedal que Galicia secó y volvió a llenar

La mayor laguna de la Terra Chá se desecó en los años sesenta para ganar tierra de labor y se recuperó parcialmente décadas después. Hoy alberga la mejor población mundial de un cardo amenazado y uno de los pocos puntos de cría de la avefría en Galicia. Qué ver, cuándo ir y qué esperar.

Vista de la laguna de Cospeito

A finales de los años sesenta, la mayor laguna de la Terra Chá se vació con máquinas. Eran dos láminas de agua que sumaban unas setenta hectáreas —57,5 la grande y 16,25 la pequeña— y se desecaron para convertirlas en tierra de labor. Desapareció el matorral, cayó en picado la variedad de fauna y flora, y lo que había sido el humedal de referencia de la comarca pasó a ser una finca.

Lo que se visita hoy es el resultado de deshacer aquello. La restauración empezó en los años ochenta y continuó en la década de 2000, y no recuperó ni de lejos la superficie original: las cifras que manejan las distintas fuentes varían bastante, pero todas coinciden en que la laguna actual es una fracción de la que hubo. Merece la pena saberlo antes de llegar, porque cambia lo que se está mirando.

Por qué hay lagunas en un sitio sin cuencas

La Terra Chá se llama así por algo. Es una llanura de la cuenca alta del Miño que se mueve entre los 350 y los 600 metros de altitud, sin desniveles que encaucen nada. El suelo es arcilloso y poco permeable. Con esas dos condiciones, el agua no se va: los ríos pequeños se ramifican, se desbordan sin violencia y forman zonas encharcadas que acaban estabilizándose como láminas permanentes.

La de Cospeito, también llamada de Santa Cristina, se alimenta del río Guisande, afluente del Támoga, que a su vez lo es del Miño. Está en la parroquia de Santa Cristina, frente a Sistallo, a unos veinticinco kilómetros de Lugo.

No está sola. La provincia tiene más de trescientos humedales inventariados, que suponen más del cuarenta por ciento de los de Galicia, y en la Terra Chá se concentran varios: O Rei, en Rábade; Riocaldo, en Begonte; Caque. Cospeito es la mayor de la comarca y, con diferencia, la mejor acondicionada para visitarla.

Un cardo del que este es el mejor sitio del mundo

Si hay una razón para que este humedal importe más allá de la comarca, es una planta pequeña y poco vistosa: Eryngium viviparum, el cardo de lagoa. Es una especie de distribución muy restringida y amenazada, y la población de la Lagoa de Cospeito está considerada la mejor del mundo. No es una manera de hablar promocional: es la razón de que aquí se hayan ejecutado proyectos europeos de conservación como el LIFE Tremedal, centrados en crear charcas estacionales y eliminar especies exóticas.

La cifra que resume el contexto es esta: alrededor del veinte por ciento de la flora amenazada de Galicia se encuentra en la cuenca alta del Miño.

Entre la fauna, además de las aves, hay dos invertebrados que explican el nivel de protección del sitio: el baboso Geomalacus maculosus, una babosa moteada de distribución atlántica muy limitada, y la mariposa Phengaris alcon, cuyo ciclo depende de una planta concreta y de hormigas que crían sus larvas. Son las especies que nadie fotografía y que sostienen la figura de protección.

Las aves y el calendario

Aquí el mejor mes es enero, y esa es la información práctica que menos se da.

El humedal funciona como zona de invernada para aves migratorias del norte de Europa, y como lugar de paso y de cría para otras. En los meses fríos se ven ánade real, ánade rabudo, pato cuchara, ánade silbón, cerceta, zampullín chico, garzas, zarapitos. Y la avefría, que tiene aquí uno de los pocos puntos de cría de Galicia.

En verano el humedal está mucho más callado, la vegetación tapa la lámina de agua y el sol alto complica la observación. Si alguien quiere ver aves, el calendario manda por encima de cualquier otra consideración: invierno, primeras horas de la mañana o últimas de la tarde, y prismáticos.

Alrededor de la lámina hay carballos —algunos Quercus pyrenaica—, alisos, sauces, abedules y fresnos. Las saucedas importan más de lo que parece: son el sitio donde anidan varias de esas especies.31

Qué protección tiene y qué significa

La laguna está dentro del espacio Parga-Ladra-Támoga de la Red Natura 2000, uno de los sistemas fluviales más singulares de la región atlántica peninsular, y la Xunta la declaró Espacio Natural en Régimen de Protección General. Forma parte, además, de la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño, declarada por la UNESCO en 2002.

Esa reserva no es un sello menor: con 363.668 hectáreas, abarca veintiséis municipios y en torno al treinta y nueve por ciento de la provincia de Lugo, y es la mayor de Galicia. Su argumento son los paisajes del agua y las turberas de cobertor de la Serra do Xistral.

Ser zona núcleo implica que el uso público está acotado a itinerarios concretos. Hay sendas delimitadas, observatorios y un centro de interpretación. Salirse de los caminos no es una travesura: es pisar el hábitat que justifica todo lo anterior.

La comarca que tiene un libro con su nombre

Conviene deshacer una confusión frecuente. La Terra Chá literaria no es la de Álvaro Cunqueiro, que era de Mondoñedo, al otro lado de la Serra do Xistral, y cuyo paisaje es el valle mindoniense.

El poeta de esta llanura es Manuel María, nacido en Outeiro de Rei, en el borde mismo de la comarca. Su libro Terra Chá, publicado en 1954, fija literariamente el nombre y la mirada sobre un paisaje que hasta entonces no tenía especial prestigio estético: una llanura agrícola, húmeda, sin montaña que la remate. Se le dedicó el Día das Letras Galegas en 2016. Y a pocos kilómetros, en Guitiriz, nació Xosé María Díaz Castro, autor de Nimbos y homenajeado en 2014.

Es una densidad literaria poco habitual para una comarca de este tamaño, y tiene que ver con lo mismo que explica las lagunas: un territorio horizontal donde el paisaje no se impone y hay que aprender a mirarlo.

La ciudad sumergida

La tradición local cuenta que bajo estas aguas está la villa de Valverde, tragada como castigo. Es un relato del tipo que se repite en varios humedales gallegos y europeos, y lo tratamos aparte en la leyenda de la laguna de Cospeito.

Como historia funciona. Como explicación del origen de la laguna, la geología ya la dio más arriba: arcilla, horizontalidad y un río que no tiene por dónde irse.

Cómo visitarla

El acceso es libre y gratuito. Hay aparcamiento, un centro de información para visitantes, miradores y un recorrido cómodo y llano por sendas señalizadas, apto para ir con niños y sin dificultad física reseñable. Calcula entre una hora y media y dos para hacerlo con calma y parar en los observatorios.

Los horarios del centro de interpretación son limitados y cambian según la temporada, así que conviene confirmarlos con el Concello de Cospeito antes de ir si el objetivo es entrar. Las sendas exteriores no dependen de eso.

Tres recomendaciones que aquí valen más que en otros sitios: ropa de agua, porque el mejor momento coincide con los meses húmedos; calzado impermeable, porque el terreno encharca; y silencio, porque en un humedal el ruido decide lo que se ve y lo que no.

Y una última cosa, para quien llegue esperando un espectáculo. Esto no es una laguna de montaña ni un mirador de postal: es una lámina de agua baja en medio de una llanura agrícola, rodeada de fincas, con vacas cerca. Su interés está en lo que sostiene y en lo que estuvo a punto de perderse. Quien vaya sabiendo eso saldrá satisfecho; quien vaya buscando otra cosa, no.

Referencias