Los petroglifos de Campo Lameiro: por qué casi nunca se ven bien
Los grabados de Campo Lameiro no tienen color: solo un surco de dos centímetros que necesita luz rasante para verse. Qué hay grabado en el mayor conjunto de arte rupestre al aire libre de Galicia, de cuándo es y a qué hora conviene ir para no encontrarse solo con piedras.
Un petroglifo es un surco de dos o tres centímetros de profundidad picado en granito hace unos cuatro mil años. Lo que queda hoy, tras cuarenta siglos de lluvia, liquen y helada, es bastante menos. Con el sol alto, muchas de las rocas de Campo Lameiro parecen exactamente lo que son: piedras grandes en un prado. La diferencia entre una visita memorable y una decepción no está en el sitio; está en el ángulo con el que llega la luz.
Eso conviene saberlo antes de conducir hasta allí, porque es lo único que no se puede arreglar sobre la marcha.
Por qué la luz lo decide todo
Los grabados no tienen color. No hay pigmento, no hay contraste químico: solo relieve. Un surco se distingue del resto de la roca únicamente porque proyecta sombra dentro de sí mismo, y para eso la luz tiene que entrar rasante, casi paralela a la superficie. Con el sol en lo alto no hay sombra que proyectar y el dibujo desaparece.
De ahí las tres condiciones buenas, y las tres son contraintuitivas para quien planifica una excursión: primera hora de la mañana, últimas horas de la tarde y días nublados o de lluvia. El propio parque lo recomienda así. Un día gris de invierno en Campo Lameiro enseña más que un mediodía de agosto.
La misma razón explica las visitas nocturnas que el parque programa los viernes de verano, con focos colocados a ras de roca. No es un efecto teatral: es la manera de recuperar el ángulo que el sol no da en julio.
Y explica también algo que conviene no hacer. Mucha gente echa agua sobre los grabados para que se vean, o repasa los surcos con tiza, o los frota. Son rocas al aire libre, protegidas, con líquenes que forman parte de su equilibrio y superficies que ya están erosionadas. No se tocan, no se pisan y no se les aplica nada. Para eso está el horario.
Qué hay grabado
El repertorio se divide en dos grandes familias que probablemente no significan lo mismo.
Están los motivos geométricos: coviñas —hoyuelos pequeños—, círculos concéntricos, espirales, combinaciones circulares con radios y apéndices, laberintos. Son los más abundantes y los más opacos: no representan nada reconocible y su interpretación sigue abierta.
Y están los figurativos, que es lo que engancha a casi todo el mundo. Ciervos, sobre todo, con las cuernas desplegadas de una manera que ningún ciervo real puede adoptar; caballos, a veces montados; figuras humanas; escenas de caza. Y armas: puñales y alabardas dibujadas con detalle suficiente para compararlas con piezas metálicas conocidas. Esa comparación es, de hecho, uno de los pocos anclajes cronológicos sólidos que existen, porque una roca no se puede datar por carbono 14.
La estación más citada del parque es la Laxe dos Carballos, con ciervos atravesados por lo que parecen venablos. Es el tipo de escena que hace pensar en una crónica de cacería, aunque la lectura como episodio narrativo concreto es una hipótesis, no un hecho.
La fecha, con las cautelas necesarias
La horquilla que se maneja habitualmente sitúa estos grabados entre hace unos 4.000 y 2.000 años, dentro de lo que se llama arte rupestre atlántico, asociado a las sociedades de la Edad del Bronce. Conviene tomarlo como lo que es: una datación indirecta, apoyada en la tipología de las armas representadas y en el contexto arqueológico del entorno, no en el análisis de la propia roca. Las fechas concretas siguen discutiéndose entre especialistas.
Y una precisión que hace falta hacer a menudo: esto es muy anterior a los pueblos que solemos llamar celtas y anterior también a los castros. Cuando se levantó el primer castro gallego, estos grabados llevaban más de mil años en la piedra.
Dónde están y por qué ahí
Lo que se ve en Campo Lameiro no es una colección reunida: las rocas están donde siempre estuvieron. Y su posición es una de las líneas de investigación más interesantes del yacimiento.
Los paneles grabados aparecen en afloramientos con buena visibilidad sobre el valle, cerca de cursos de agua y en puntos que hoy se interpretan como relacionados con los pasos naturales del terreno y con zonas de pasto. La hipótesis que maneja el parque conecta los grabados con el movimiento estacional de personas y animales por esos corredores. Es una interpretación razonada y sostenida por la disposición del conjunto, no una certeza.
El recorrido al aire libre atraviesa 21,8 hectáreas con cerca de un centenar de rocas grabadas, por un itinerario señalizado de algo más de tres kilómetros entre robles, pinos y prado. En el trayecto hay también una recreación de un poblado de la Edad del Bronce: cabañas, estructuras de almacenamiento y cercados, construidos con las técnicas que documenta la arqueología.
Cómo organizar la visita
El parque abrió el 6 de julio de 2011 y fue el primero de carácter arqueológico en Galicia; el conjunto de petroglifos del municipio estaba declarado monumento histórico-artístico desde 1974. Está en O Campo Lameiro, provincia de Pontevedra, a unos veinte kilómetros de la ciudad de Pontevedra.
Conviene empezar por el centro de interpretación, el CIDAR, y no por las rocas. No es una recomendación de cortesía: sin haber visto antes qué se está buscando, muchos visitantes pasan al lado de un panel grabado sin distinguirlo del granito desnudo. Media hora dentro cambia lo que se ve fuera.
La visita guiada, con un pequeño suplemento sobre la entrada, la hace alguien que sabe dónde está cada surco. Con grabados tan desgastados, eso vale más que en casi cualquier otro monumento.
Sobre horarios, el patrón general es de martes a domingo, con lunes cerrado, y jornada más larga de primavera a verano —en la temporada cálida se alarga hasta la tarde-noche— y más corta en invierno, entre noviembre y febrero. Las visitas guiadas y las nocturnas requieren reserva previa. Estos datos y las tarifas cambian cada temporada, así que conviene confirmarlos en la web oficial del parque, paar.xunta.gal, antes de salir.
Dos advertencias prácticas. El recorrido es al aire libre por terreno natural: calzado cerrado y cómodo, y ropa acorde, porque el mejor día para ver los grabados suele ser el peor día para pasear. Y calcula al menos dos horas entre el centro y el itinerario completo.
Si algo se lleva uno de aquí, no es la lista de figuras. Es el hábito de mirar el granito de otra manera. En Galicia hay miles de rocas grabadas fuera de los parques, en montes comunales y bordes de camino, y la mayoría solo aparecen cuando el sol está bajo y alguien pasa por delante en el momento justo.
Referencias
- Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre (PAAR) — web oficial — recomendación de visitar con luz baja o lluvia, estructura de la visita, centro de interpretación y programa de visitas nocturnas.
- Cultura de Galicia — Centro de Interpretación de Campo Lameiro — funciones del centro, integración en el parque e instalaciones.
- Parque Arqueológico de Campo Lameiro (Wikipedia) — superficie de 21,8 hectáreas, número aproximado de rocas, declaración de 1974 e inauguración en julio de 2011.
- Museos de Galicia — Visitas guiadas del PAAR — suplemento sobre la entrada general y programación por temporadas.
- Turismo Rías Baixas — Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre — franjas horarias por temporada y cierre los lunes.
- Xunta de Galicia — Guía de visita del Parque Arqueolóxico — encuadre del parque en la Rede Galega de Patrimonio Arqueolóxico y contenido del itinerario exterior.