El obispo Teodomiro: la lápida que demostró que existía
Durante siglos se dudó de que hubiera existido. En 1955 apareció su lápida bajo el suelo de la catedral de Santiago, y los huesos que había debajo se atribuyeron primero a un varón, luego a una mujer y por fin, en un estudio de 2024, al propio obispo. Quién fue Teodomiro y por qué sin él no habría Camino.
Durante siglos hubo dudas razonables sobre si el obispo que identificó el sepulcro del apóstol había existido de verdad. Su nombre solo aparecía en textos medievales escritos bastante después de los hechos, y toda la historia tenía el aire de una construcción retrospectiva.
En 1955, unas obras en el suelo de la catedral de Santiago cambiaron eso. El arqueólogo Manuel Chamoso Lamas encontró, en una necrópolis bajo el pavimento, una losa de piedra con una inscripción latina. Decía, traducida: en este sepulcro descansa el siervo de Dios Teodomiro, obispo de la sede de Iria, que murió el día trece de las calendas de noviembre.
El hombre existía. Lo que vino después fue más complicado.
Una fecha que casi todo el mundo traduce mal
La inscripción termina con «era DCCCLXXXV», y ahí es donde se producen la mayoría de los errores que circulan, incluidos algunos en prensa reciente.
Ese 885 no es un año de nuestra cronología: es la era hispánica, un sistema de cómputo usado en la península que va treinta y ocho años por delante del calendario cristiano. Restados esos treinta y ocho, la fecha real de la muerte es el año 847. Y el día trece de las calendas de noviembre corresponde al 20 de octubre.
El detalle importa porque cuarenta años de diferencia cambian por completo el encaje cronológico de toda la historia.
Los huesos que cambiaron de sexo dos veces
Bajo la lápida había restos óseos, y su interpretación ha ido dando tumbos durante setenta años.
En 1955 se examinaron y se concluyó que pertenecían a un varón de edad avanzada, coherente con el personaje. A mediados de los años ochenta, un nuevo análisis sugirió que eran de una mujer, lo que descartaba la identificación y devolvía a Teodomiro al terreno de la tradición.
En julio de 2019, un equipo dirigido por el arqueólogo compostelano Patxi Pérez-Ramallo accedió a la cripta y abrió de nuevo la tumba. El resultado se publicó en 2024 en la revista Antiquity, editada por la Universidad de Cambridge, con participación del Instituto Max Planck de Geoantropología, la Universidad de Estocolmo, Oxford y Viena.
Qué dice el estudio de 2024
Se combinaron cuatro técnicas: análisis osteológico, datación por radiocarbono, isótopos estables y ADN antiguo. Los resultados encajan entre sí.
La tumba contiene un solo individuo, un varón de cuarenta y cinco años o más al morir. La datación por radiocarbono es compatible con una muerte en torno al año 847, es decir, con lo que dice la piedra. Los isótopos de oxígeno indican que vivió cerca de la costa, lo que concuerda con Iria Flavia. Y el perfil genético queda ligeramente fuera de la variación europea actual, con afinidades hacia los íberos romanos, los visigodos del sur peninsular y las poblaciones islámicas ibéricas: exactamente lo que cabe esperar de alguien que vivió aquí hace mil doscientos años.
Hay un dato que sorprendió a los investigadores. Los isótopos de nitrógeno y carbono apuntan a una dieta más humilde de la que correspondería a un obispo. Puede explicarse por prácticas ascéticas o por el contexto económico de la Galicia del siglo IX, pero es una de esas cosas que la arqueología aporta y los textos no.
Conviene reproducir la cautela de los propios autores, porque es de agradecer y no suele llegar a los titulares: dicen que, pese a las limitaciones y al cuidado que exige interpretar estos resultados, los datos apoyan la posibilidad de que los restos sean los del obispo. No es una certeza absoluta; es una convergencia sólida de indicios independientes.
El hallazgo del sepulcro, con las fechas en la mano
La versión popular sitúa el episodio en el año 813: el eremita Pelayo ve luces sobre el bosque de Libredón, avisa al obispo, Teodomiro acude, ayuna, y concluye que allí están enterrados el apóstol y dos discípulos.
Esa fecha es difícil de sostener. El estudio de Antiquity sitúa el hallazgo entre los años 820 y 830. Y hay un margen aún más amplio que se deduce de la documentación: en 818 vivía todavía el obispo anterior, Quendulfo, y Alfonso II murió en 842, de modo que el episodio tuvo que ocurrir entre esas dos fechas. El 813 es una redondez tradicional, no un dato.
Hay además un detalle filológico que explica bastante bien cómo funcionó la identificación. El Breviarium Apostolorum, un texto que circulaba entonces, decía que Santiago había sido enterrado in arca marmarica, es decir, en Marmárica, una región de la antigua Libia. Teodomiro, ante un sepulcro de piedra, lo leyó como «arca de mármol». Una lectura de dos palabras latinas, y a partir de ahí una ciudad.
Lo decisivo, en todo caso, no fue la revelación sino el trámite. Teodomiro era la máxima autoridad eclesiástica del noroeste, y fue él quien reconoció oficialmente la autenticidad del sepulcro y lo comunicó al rey Alfonso II, que se desplazó desde Oviedo para verlo. Ese viaje es el origen del Camino Primitivo. Sin la validación episcopal, el hallazgo no habría pasado de rumor comarcal, y no habría Camino ninguno.
Iria Flavia, la sede que perdió la partida
Merece la pena situar de dónde venía. Iria Flavia está en el actual municipio de Padrón, en la confluencia del Sar y el Ulla. Fue puerto prerromano y luego ciudad romana en la vía que unía Braga con Astorga, y desde el siglo VI al menos, sede episcopal: la más importante del noroeste peninsular.
El hallazgo del sepulcro invirtió esa jerarquía. El culto atrajo población y recursos hacia Libredón, y la sede acabó trasladándose formalmente a Compostela en 1095. Iria quedó reducida a colegiata y a topónimo.
Hay una ironía en ello que conviene no adornar demasiado: el obispo que puso en marcha Compostela lo hizo desde la ciudad a la que Compostela dejó sin nada.
Qué se puede ver
La lápida y los restos están bajo custodia de la Fundación Catedral de Santiago, y la cripta donde aparecieron no forma parte del recorrido general. Antes de contar con verla, conviene consultar la programación del Museo Catedral, que expone y documenta periódicamente los fondos arqueológicos del subsuelo.
En Padrón sí queda visitable el entorno de Iria Flavia: la colegiata de Santa María de Iria Flavia y el cementerio de Adina, uno de los más antiguos en uso de Galicia, donde estuvo enterrada Rosalía de Castro antes de su traslado a Compostela. Es un sitio tranquilo, poco frecuentado y a veinte kilómetros de Santiago.
Y para quien quiera leerlo entero, el artículo de Pérez-Ramallo y su equipo está publicado en Antiquity y disponible en acceso abierto.
Setenta años después de que apareciera la losa, y mil doscientos después de aquel 20 de octubre, Teodomiro se ha convertido en uno de los personajes históricos más antiguos de España identificados con nombre, tumba y análisis. El sepulcro que él autentificó sigue sin poder decir lo mismo.
Referencias
- Pérez-Ramallo, P. et al. — Unveiling Bishop Teodomiro of Iria Flavia? (Antiquity, 2024) — metodología del estudio, datación del hallazgo del sepulcro entre 820 y 830 y equipo investigador.
- La Brújula Verde — Identifican los restos del obispo Teodomiro — transcripción íntegra de la inscripción de la lápida y perfil estratigráfico de Chamoso Lamas.
- Galicia Press — Investigadores identifican los restos del obispo Teodomiro — comunicado de la Fundación Catedral, cambio de atribución de los restos en los años ochenta y conclusiones sobre edad y fecha de muerte.
- Servimedia — Identificados restos atribuibles a Teodomiro — resultados de isótopos de oxígeno, análisis arqueogenético de la Universidad de Estocolmo y cautelas de los autores.
- El Correo Gallego — El ADN identifica al obispo Teodomiro — apertura de la tumba en 2019 y descripción del contenido de la sepultura.
- Theodemir of Iria (Wikipedia) — horquilla cronológica entre 818 y 842, e interpretación del arca marmarica del Breviarium Apostolorum.
- Iria Flavia (Wikipedia) — emplazamiento en la confluencia del Sar y el Ulla, condición de sede episcopal y traslado a Compostela en 1095.
- Diario de Santiago — El obispo Teodomiro, figura clave en el origen de Compostela — papel de Teodomiro como autoridad que reconoce oficialmente el sepulcro y relevancia de la sede de Iria.