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Vía de la Plata: mil kilómetros y una bifurcación que lo decide todo

Cerca de mil kilómetros desde Sevilla, sobre la calzada que los romanos tendieron entre Mérida y Astorga. En Granja de Moreruela el camino se parte en dos y hay que elegir: seguir hasta Astorga y enlazar con el Francés, o desviarse por el Sanabrés y entrar en Galicia por Ourense. Etapas, señalización, clima y desde dónde se obtiene la Compostela.

Señal indicativa del Camino de Santiago

De todos los caminos a Santiago, este es el más largo de los que atraviesan la Península: cerca de mil kilómetros desde Sevilla. Y tiene una particularidad que lo distingue de los demás: a mitad de recorrido, en un pueblo de Zamora, el peregrino tiene que elegir entre dos rutas distintas, y esa elección cambia por completo el resto del viaje.

Conviene entender esa bifurcación antes de salir, porque no se puede deshacer sobre la marcha.

Una calzada que no iba a Santiago

Empecemos por una precisión que casi nadie hace. La Vía de la Plata romana no unía Sevilla con Santiago: era la calzada que enlazaba Emerita Augusta, Mérida, con Asturica Augusta, Astorga, unos cuatrocientos noventa kilómetros. Fue el gran eje de comunicación del occidente peninsular, transitado desde mucho antes por tartesios, fenicios y cartagineses, y hay documentación de la calzada que se remonta al siglo II antes de Cristo.

La ruta jacobea aprovecha ese trazado y lo prolonga por los dos extremos: hacia el sur hasta Sevilla y hacia el norte hasta Compostela. De ahí que buena parte del camino discurra sobre piedra romana, y que la señalización lo tenga en cuenta, como veremos.

A esta vía se le suma en Mérida el Camino Mozárabe, que reúne a los peregrinos que salen de Almería, Granada, Málaga, Córdoba o Jaén. Por eso los nombres se mezclan tanto en las guías.

La bifurcación de Granja de Moreruela

Tras Sevilla, Zafra, Mérida, Cáceres, Salamanca y Zamora, el camino llega a Granja de Moreruela, un pueblo zamorano donde estuvo el primer monasterio cisterciense de la península. Allí hay una placa que anuncia la bifurcación, y dos opciones.

Seguir hasta Astorga. Es el trazado romano original. Desde allí se enlaza con el Camino Francés y se comparte con él los últimos trescientos kilómetros, entrando en Galicia por O Cebreiro. El total desde Sevilla ronda los 968 kilómetros. La ventaja es el ambiente del Francés; el inconveniente, que se pierde la soledad que caracteriza a esta ruta y se entra en el tramo más masificado de todos.

Tomar el Camino Sanabrés. Es la opción que elige hoy la mayoría. Se desvía al noroeste por Tábara, Santa Marta de Tera, Mombuey y Puebla de Sanabria, y entra en Galicia por la provincia de Ourense. Desde Granja de Moreruela hasta Santiago hay entre 358 y 369 kilómetros según la fuente que se consulte, y el total desde Sevilla queda en torno a los 983.

En Galicia, este ramal se conoce también como Vía da Prata o Camiño Galego do Sur, lo que añade otra capa de confusión terminológica a un camino que ya arrastra tres nombres.

Y una segunda elección, ya en la sierra

Pasada A Gudiña, el camino vuelve a abrirse en dos. La variante por Laza es más corta y la más transitada. La variante por Verín es algo más larga, discurre en buena parte por carretera asfaltada —lo que la hace recomendable para ciclistas— y enlaza con la ruta interior del Camino Portugués en la localidad portuguesa de Chaves.

La señalización, que aquí tiene truco

Este es uno de los detalles más útiles del camino y conviene conocerlo de antemano.

Además de las flechas amarillas habituales, la Vía de la Plata utiliza señalización complementaria que cambia según la comunidad. En Extremadura hay bloques de piedra con azulejos de colores, y el código importa: si solo aparece el azulejo verde, se está siguiendo la calzada romana original, que en algunos tramos se separa del itinerario jacobeo; si aparecen amarillo y verde juntos, es que camino y vía romana coinciden.

En Castilla y León la ruta se marca con mojones de madera, donde el amarillo señala el itinerario a pie y el rojo la alternativa para ciclistas.

Saber leer esas marcas evita el error típico de quien sigue la piedra romana pensando que sigue el camino.

Dificultad y clima

El perfil es más benévolo de lo que sugiere el kilometraje. El arranque es prácticamente llano y el trazado aprovecha los pasos naturales, con pendientes suaves durante buena parte del recorrido. La exigencia no está en el desnivel.

Está en dos cosas: la distancia entre servicios y el calor.

Buena parte del camino atraviesa zonas de muy baja densidad demográfica, con etapas largas donde no hay nada intermedio. Y las dehesas andaluzas y extremeñas apenas tienen sombra. Esa combinación hace que los meses centrales del verano sean claramente desaconsejables: no es una cuestión de comodidad, es de seguridad.

Las mejores épocas son la primavera —marzo, abril y mayo— y el otoño, con octubre y noviembre. Conviene llevar agua de sobra siempre, y comprobar en cada etapa dónde está el siguiente punto de avituallamiento antes de salir.

El tramo gallego

Quien tome el Sanabrés entra en Galicia por la montaña ourensana, cruzando la sierra que separa la comarca de Sanabria del territorio gallego. Cerca queda el lago de Sanabria, de origen glaciar y el mayor de la península, aunque el camino no lo bordea.

La ciudad de referencia del tramo es Ourense, que ofrece al peregrino algo poco frecuente en un camino: agua termal en pleno centro histórico. As Burgas brotan a más de sesenta grados a pocos metros de la catedral, y hay pozas acondicionadas en la ribera del Miño. Para quien lleve varias semanas caminando, eso no es una curiosidad turística.

Más adelante, en la comarca del Deza, el Sanabrés se encuentra con el Camino de Invierno, que llega desde Ponferrada por el valle del Sil. Desde ahí comparten los últimos kilómetros hasta Santiago.

La Compostela

El punto desde el que se cumplen los cien kilómetros a pie depende de la variante elegida. Quien vaya por el Sanabrés lo hace desde Ourense; quien haya seguido hasta Astorga y enlazado con el Francés, desde Sarria. En bicicleta, con el mínimo de doscientos kilómetros, los puntos de referencia serían Lubián y Ponferrada respectivamente.

Como siempre, conviene confirmarlo con la Oficina del Peregrino antes de organizar el viaje, y no olvidar los dos sellos diarios en ese tramo final.

Para quién es y para quién no

Hacerla entera desde Sevilla exige entre cinco y seis semanas, con unas 36 a 38 etapas según el reparto y la variante. En bicicleta se reduce a unas dieciséis, y es una de las rutas más agradecidas para pedalear, con poco asfalto obligatorio y alternativas señalizadas donde el firme no acompaña.

Quien no disponga de ese tiempo tiene puntos de arranque intermedios razonables: Mérida, Salamanca o la propia Ourense, según los días disponibles.

Y hay algo que este camino da y otros no. Al recorrer la península de sur a norte se atraviesan cuatro comunidades autónomas y se ve cambiar el paisaje de forma gradual: de la dehesa al encinar, del encinar al cereal castellano, del cereal a la montaña, y de la montaña al verde gallego. Ningún otro camino ofrece esa transición completa.

A cambio pide lo que pide: soledad durante semanas, etapas largas y la disciplina de calcular el agua. La calzada por la que se anda buena parte del trayecto se construyó para mover legiones y mercancías, no peregrinos, y en algunos tramos se nota que sigue pensando en eso.

Referencias