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Camino de Invierno: el rodeo que inventaron los peregrinos para esquivar la nieve

Los peregrinos medievales que llegaban a Ponferrada en invierno giraban a la izquierda para esquivar la nieve de O Cebreiro y entraban en Galicia por el valle del Sil. Esa ruta es hoy oficial, atraviesa las cuatro provincias gallegas y sigue siendo la menos transitada. Etapas, distancias reales, dificultad y cuándo hacerla.

Señal indicativa del Camino de Santiago

Al llegar a Ponferrada, el Camino Francés sigue de frente hacia O Cebreiro, que está a 1.330 metros de altitud. En invierno, eso significaba nieve, viento y un paso que podía quedar cortado durante días. Los peregrinos medievales que llegaban en la estación mala tenían otra opción: girar a la izquierda y entrar en Galicia por el corredor natural del Sil, donde las cotas son mucho menores.

Ese rodeo es hoy una ruta jacobea oficial. Y tiene una particularidad que ninguna otra comparte: es el único camino que atraviesa las cuatro provincias gallegas.

Cuánto mide, según a quién se pregunte

Aquí conviene ser transparente, porque las cifras bailan bastante.

La web oficial del Camino de Santiago en Galicia habla de algo más de 200 kilómetros en territorio gallego, y en otro punto de su propia ficha menciona algo menos de 250 para el conjunto. Las guías especializadas manejan valores de entre 256 y 266 kilómetros desde Ponferrada, y en los foros hay peregrinos que aseguran haber medido más de 280 con el desvío de las variantes.

La lectura razonable: en torno a 260 kilómetros desde Ponferrada, de los cuales unos 210 discurren por Galicia. Y conviene contar con que el GPS marque más que la guía, porque este camino tiene variantes en casi todas las etapas.

El reparto en etapas varía igual: la Xunta plantea nueve, y las distintas guías proponen desde ocho hasta doce. Un peregrino que publicó su recorrido en doce jornadas calculó un desnivel positivo acumulado en torno a los 6.600 metros; es un dato de caminante, no oficial, pero da idea de que esto no es llano.

Reconocimiento oficial, y una etapa que hubo que partir

La Xunta lo reconoció como ruta oficial de peregrinación en 2016, con la entrada en vigor de la Ley de Patrimonio Cultural de Galicia. Antes de eso existía y se caminaba, pero sin señalización homogénea ni red de albergues públicos.

Hay un episodio revelador sobre cómo se ha ido ajustando el trazado. La etapa que unía Quiroga con Monforte de Lemos medía unos 38 kilómetros, y según recogen varias guías se dividió en 2021 por su dureza y por las quejas de los peregrinos. También circula entre quienes lo han caminado la crítica de que el trazado oficial entre Quiroga y Monforte se aleja del Sil y desaprovecha el recorrido junto al cañón, que era la idea original.

Lo menciono porque explica algo útil: este camino sigue en construcción, y las etapas que uno encuentre publicadas pueden no coincidir con las de hace tres años.

El recorrido, por partes

El Bierzo y Las Médulas. Se sale de Ponferrada, con su castillo templario, y en la primera jornada se pasa junto a Las Médulas, la explotación aurífera romana declarada Patrimonio de la Humanidad. Hay bifurcación tras Santalla, y las dos opciones vuelven a juntarse hacia el castillo de Cornatel.

Valdeorras. Se entra en Galicia por Ourense siguiendo el Sil, entre viñedos de la denominación de origen Valdeorras y canteras de pizarra. En Quereño existe la variante que sube a la Serra da Enciña da Lastra, parque natural con relieve calizo poco habitual en Galicia: son unos catorce kilómetros más y ambas opciones confluyen en O Barco.

El tramo O Barco – A Rúa es corto y llano, junto al río, y las guías recomiendan aprovecharlo para descansar antes de lo que viene.

Quiroga y el Sil. Aquí aparece Montefurado, el túnel que los romanos perforaron en la roca para desviar el Sil y explotar el lecho del río en busca de oro. Es una de las obras de ingeniería romana más llamativas de Galicia y queda justo en la ruta.

Monforte de Lemos. Capital de la Ribeira Sacra y única ciudad del recorrido, con el conjunto de San Vicente do Pino sobre la colina, hoy Parador, el palacio de los Condes de Lemos y el Colexio dos Escolapios.

Los Codos de Belesar. La etapa Monforte – Chantada es la más celebrada y una de las más duras: unos treinta kilómetros, buena parte por asfalto y con pocos servicios intermedios, pero con el descenso al Miño por una calzada empedrada con unos 300 metros de desnivel entre viñedos en bancales casi verticales. Ese tramo pasa por Diomondi, y muy cerca queda la iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño, con su rosetón de cuatro metros. Quien haga esta etapa tiene ahí una parada que casi nadie aprovecha.

O Faro. Pasada Chantada, desde la aldea de Boán, arranca la subida al Alto do Faro, el punto culminante del camino y desde donde se divisan paisajes de las cuatro provincias gallegas.

Deza y la confluencia. Rodeiro, Lalín, y el encuentro con la Vía de la Plata en su variante sanabresa, con la que comparte los últimos kilómetros hasta Santiago por Silleda, Bandeira y Ponte Ulla.

La Compostela

Para cumplir los cien kilómetros a pie, las guías sitúan el punto de partida en torno a Chantada. Conviene confirmarlo con la Oficina del Peregrino antes de reservar, porque el punto exacto que cada camino tiene establecido no siempre coincide con el cálculo aproximado, y en este itinerario las variantes complican la medición.

Y recuerda lo de siempre: dos sellos diarios desde que se entra en esos últimos cien kilómetros.

En bici, con reservas

Es transitable, pero tiene puntos delicados. Los ciclistas que lo han recorrido señalan problemas de firme entre Borrenes y Puente de Domingo Flórez por el paso de maquinaria pesada, y advierten de que el descenso empedrado a Belesar exige técnica o bajarse de la bici directamente. La subida a O Faro suele quedar fuera de los tracks habituales.

Como en todo lo relativo al estado del firme, conviene preguntar sobre el terreno: son datos que cambian de una temporada a otra.

Cuándo hacerlo

Aquí hay una ironía que merece señalarse. El camino nació para ser recorrido en invierno, y sin embargo varios operadores no lo programan entre noviembre y mediados de enero. Eso no significa que esté cerrado —no lo está—, sino que en esos meses los servicios se reducen mucho y la organización se complica.

Quien lo haga en esa época debe contar con menos alojamientos abiertos, jornadas de luz muy cortas y tramos largos sin nada. Quien vaya en primavera u otoño encontrará el mejor equilibrio: la vegetación del Sil, los socalcos de la Ribeira Sacra trabajados o vendimiados, y prácticamente nadie por delante.

Porque esa es la característica que repiten todos los que lo han caminado: aquí no hay peregrinos. En temporada media es posible pasar jornadas enteras sin cruzarse con nadie, con todo lo que eso tiene de bueno y de exigente. Los servicios son escasos, las etapas largas y la señalización, aunque se describe como correcta desde 2016, atraviesa zonas donde no hay a quién preguntar.

El camino que los medievales tomaban para pasar el invierno sin morir congelados sigue siendo, ocho siglos después, la manera menos concurrida de llegar a Santiago. Conviene ir preparado, y conviene ir sabiendo que buena parte del mérito consiste en resolverse solo.

Referencias