Ortigueira: la ría, la marisma y los montes que la encajan
El estuario del Mera reúne marismas, fangos y dunas protegidos como ZEPA y humedal Ramsar, y acoge uno de los mayores contingentes de aves invernantes de Galicia. Alrededor, dos sierras, castros levantados con el mismo cálculo que sitúa hoy el puerto y una comarca marcada por la emigración.
Cuando la marea se retira en la ría de Ortigueira, el agua deja a la vista lo que la sostiene: llanuras de fango, charcas intermareales, marismas y cordones dunares repartidos por un estuario de cerca de tres mil hectáreas. Ese fondo descubierto no es un accidente del paisaje. Es la razón por la que este tramo de la costa norte tiene la importancia que tiene y por la que buena parte de él está protegido.
Un estuario alimentado por varios ríos
La ría es el estuario del río Mera. En su margen oriental desemboca el Baleo, que forma a su vez la pequeña ensenada de Ladrido, y hasta media docena de cauces vierten en el conjunto. Del lado del mar, un arenal de unos tres kilómetros con sistema dunar propio, hoy fijado por un pinar, se prolonga en una barra de arena tras la cual queda resguardada esa ensenada interior. La isla de San Vicente cierra el conjunto a poca distancia de la costa.
La protección no se detiene en la línea de agua salada. El espacio de la Red Natura llamado Ortigueira-Mera incluye los ecosistemas fluviales de todo el río Mera hasta su nacimiento, en la sierra da Faladoira. Es decir, el mismo relieve que encajona la ría por el este alimenta el estuario que se abre al norte, y lo que ocurre en esas cabeceras llega, aguas abajo, al fango donde se alimentan las aves.
Por qué esto importa en invierno
Las cifras conviene tenerlas claras, porque explican el resto. La Zona de Especial Protección para las Aves «Ría de Ortigueira e Ladrido» (ES0000086) abarca 3.025 hectáreas; el humedal inscrito en el Convenio Ramsar, 2.920. El área se corresponde parcialmente con un área importante para las aves reconocida por SEO/BirdLife que se extiende desde Punta Candelaria hasta Estaca de Bares.
Según la Xunta, la ría es una de las principales zonas de Galicia por su total de aves acuáticas invernantes: sus concentraciones de limícolas ocupan el segundo puesto de la comunidad y las de anátidas, el tercero. Entre los efectivos que pasan aquí el invierno figuran el silbón europeo, el ostrero euroasiático, el chorlito gris, el correlimos común, la aguja colipinta, el zarapito real y el archibebe común.
De ahí sale la primera consecuencia práctica para quien visita Ortigueira: la mejor época para entender la ría no es el verano. Entre otoño e invierno el estuario está en su momento de mayor actividad, y las mareas bajas descubren las superficies donde las aves se alimentan. La segunda consecuencia es una limitación. Un ave que se levanta a destiempo gasta energía que necesita para pasar el invierno, de modo que la marisma, los fangos y las dunas se observan desde los caminos, los bordes y las carreteras que rodean la ría, sin entrar en ellos.
Ese corredor de aves explica también por qué el nombre de Ortigueira aparece asociado a lugares que no están en su término. El área reconocida por SEO/BirdLife llega hasta Estaca de Bares, que es el extremo norte peninsular y pertenece al concello de Mañón, vecino por el este. Ortegal, Mañón, Cerdido y Ortigueira forman la comarca, y los cuatro comparten una franja de costa en la que las divisiones administrativas son recientes comparadas con las rutas migratorias.
Dos sierras y un pasillo de agua
La ría no se explica sin el relieve que la contiene. Al oeste queda la sierra da Capelada, con alturas como el Concepenido, de 572 metros, y el Pilo de Moles, de 507. Al este, las sierras da Coriscada y da Faladoira marcan el límite con el concello de Mañón. Hacia el sur, el terreno del municipio sube hasta cumbres como el Taboada, de 438 metros. La lengua de agua queda entre medias, orientada al norte.
Esa disposición hace que Ortigueira sea, a la vez, un municipio costero y uno de montaña: 214,9 kilómetros cuadrados repartidos en veintidós parroquias, con la villa de Santa Marta como centro administrativo y comercial en la orilla oriental. Quien llega buscando solo la ría se encuentra con que la mitad del concello está tierra adentro, en laderas y valles que drenan hacia ella.
Dónde se instalaron los primeros
La misma lógica que ordena hoy el municipio se reconoce en sus yacimientos. El castro de Concepenido, el más antiguo documentado en Ortigueira, se levanta en la cumbre de ese monte de la Capelada, próximo a las tierras de cultivo, y a sus buenas defensas naturales sus constructores añadieron un sistema de doble muralla. El castro de Punta do Tallo, en la parroquia de Ladrido, ocupa en cambio un emplazamiento costero elevado unos cuarenta metros sobre el mar, en una península frente al puerto de Espasante, reforzado con un foso y una muralla en ángulo.
Los dos responden a un mismo cálculo, descrito por el propio concello: penínsulas y alturas protegidas que permitían disponer de tierras productivas y, al mismo tiempo, vivir del mar mediante la pesca, el marisqueo y la navegación local. Tres mil años después, el puerto sigue donde el castro lo miraba.
La ocupación es anterior a los castros. En la parroquia de Senra apareció un depósito de hachas de talón de la Edad del Bronce, que se suma a restos antiguos hallados en el castro do Campo da Torre, en la propia villa. Los primeros vestigios documentados en el actual término municipal se atribuyen al Paleolítico Superior, cuando los abrigos de la Capelada servían de refugio a grupos de cazadores, y entre esa sierra y la da Faladoira se conservan aún algunas construcciones megalíticas de las muchas que hubo. El poblamiento se apoyó siempre en la misma combinación: altura con defensa, tierras trabajables cerca y agua que baja hacia la ría.
La villa, el puerto y lo que hay alrededor
Santa Marta concentra los servicios de la comarca de Ortegal, y en ella se resuelven las compras, las gestiones y buena parte de la hostelería del municipio. A pocos kilómetros, Espasante funciona con otra lógica: es un núcleo portuario, con la actividad y los locales agrupados junto al muelle y con arenales a uno y otro lado de su punta. Fuera de esos dos puntos, el alojamiento es disperso y sobre todo rural, repartido entre parroquias donde predominan las casas de labranza y algunas construcciones señoriales reconvertidas.
Un recorrido honesto por el concello combina las dos escalas. Las carreteras que bordean el estuario dan vistas sobre la marisma en distintos estados de marea, y conviene ver el mismo punto con el agua alta y con el agua baja, porque el lugar cambia por completo: en pleamar es una lámina cerrada; en bajamar, una superficie de canales por la que se mueven las aves. Hacia el norte, la costa se abre en acantilados y arenales expuestos al Cantábrico, con un régimen de oleaje muy distinto al del interior protegido de la ría.
En julio, la villa cambia de escala por completo con el Festival Internacional do Mundo Celta, que multiplica durante unos días la población y el tráfico. Es el motivo por el que mucha gente conoce el nombre de Ortigueira, y también la razón por la que conviene saber que el resto del año el municipio funciona de otra manera.
El horario de la visita lo marca la marea, no el reloj. Las tablas de mareas del puerto más próximo bastan para calcular cuándo el estuario estará descubierto, y la diferencia entre llegar en pleamar o en bajamar es mayor que la diferencia entre dos miradores distintos. En días de niebla o lluvia cerrada, frecuentes en esta costa, la observación pierde buena parte de su sentido, porque lo que se viene a ver son superficies lejanas y aves pequeñas y quietas: unos prismáticos resuelven más que un desplazamiento adicional en coche.
La huella de los que se fueron
Hay otra capa que explica el paisaje construido. La emigración marcó la comarca desde la segunda mitad del siglo XIX: entre 1900 y 1963, Ortigueira fue el concello de la provincia de A Coruña con mayor número absoluto de emigrantes y el tercero de Galicia, con 10.571 personas desplazadas. El descenso demográfico continuó después: en 1971 el municipio rondaba los 10.000 habitantes, un veinticinco por ciento menos que treinta años antes. En 2017 la cifra oficial era de 5.966.
Aquella salida dejó marcas visibles. Las colectividades de emigrantes, especialmente la colonia de Santa Marta en el Centro Gallego de La Habana, costearon lavaderos, caminos, cementerios y reformas de iglesias en sus parroquias de origen, y las casas de indianos que se reconocen en parroquias como San Claudio proceden de las fortunas hechas en América. Buena parte de lo que un visitante toma por arquitectura tradicional del lugar se construyó, en realidad, con dinero ganado al otro lado del Atlántico.
Que el espacio protegido incluya el río entero y no solo su desembocadura tiene una lectura sencilla sobre el terreno. Buena parte del municipio drena hacia la ría a través del Mera y de los cauces menores que lo acompañan, de modo que las parroquias del interior, con sus prados, sus bosques de ribera y sus caminos, forman parte del mismo sistema que la marisma. Recorrer el valle del Mera hacia el sur, en dirección a las estribaciones de la Faladoira, es seguir hacia arriba el agua que unas horas después estará entre los canales de fango.
Esa continuidad tiene consecuencias para lo que el visitante hace. Los caminos del interior admiten recorridos a pie o en bicicleta con muy poca gente incluso en temporada alta, y son el contrapunto natural a una franja costera que en verano concentra toda la presión. El contraste entre ambos ámbitos es lo que permite entender Ortigueira como municipio: una villa de servicios, un puerto, un estuario protegido y una veintena de parroquias rurales que llevan a la ría todo lo que cae sobre las sierras.
Una ría, dos concellos
Conviene un último ajuste del mapa, porque es fuente habitual de confusión. La orilla occidental de la ría ya no es Ortigueira. El 21 de enero de 1988, por decreto de la Xunta, cinco parroquias de esa margen se segregaron para constituir el concello de Cariño, en la que fue la primera segregación municipal de la Galicia contemporánea. Con ellas se fueron el cabo Ortegal y los acantilados de Vixía Herbeira, que hoy pertenecen a Cariño. El santuario de San Andrés de Teixido nunca fue de Ortigueira: está en Cedeira, al otro lado de la Capelada.
La ría, en cambio, no se dividió. Las figuras de protección abarcan las dos orillas y los dos municipios, igual que las aves que llegan cada otoño. Quien quiera verla entera tendrá que cruzar un límite administrativo que existe desde hace menos de cuarenta años, sobre un estuario que lleva milenios formándose y que, dos veces al día, sigue enseñando el fondo.
Referencias
- Concello de Ortigueira. Nuestra historia — superficie del municipio, parroquias, población de 2017, relieve (Capelada, Coriscada, Faladoira), castros de Concepenido y Punta do Tallo y datos de la emigración.
- Xunta de Galicia. ZEPA Ría de Ortigueira e Ladrido — superficies de la ZEPA y del humedal Ramsar, posición de la ría entre las zonas de invernada de Galicia y especies invernantes citadas.
- Turismo de Galicia. ZEC Ortigueira-Mera — arenal y sistema dunar, barra de arena, ensenada de Ladrido formada por el río Baleo, isla de San Vicente e inclusión de los ecosistemas fluviales del Mera hasta su nacimiento.
- Ministerio para la Transición Ecológica. Caminos Naturales: ría de Ortigueira-Ladrido — extensión aproximada del estuario y composición del humedal (marismas, charcas intermareales, fangos y cordones dunares).
- Concello de Cariño. Goberno municipal — aprobación de la creación del concello de Cariño el 21 de enero de 1988 y su condición de primera segregación municipal en la Galicia de posguerra.
- BOE. Ley 3/1992, de 20 de marzo — referencia al Decreto 13/1988, de 21 de enero, por el que Cariño se segrega del término municipal de Ortigueira.