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Corrubedo: cómo funcionan la duna móvil y las lagunas de Carregal e Vixán

El complejo dunar de Corrubedo se mueve: el viento del suroeste eleva la arena hasta la cresta y la deja caer tierra adentro, la vegetación fija lo que antes volaba y las dos lagunas del parque, una dulce y otra salobre, funcionan con reglas opuestas. Las mediciones de las últimas décadas explican por qué está prohibido pisar la duna.

Dunas de Corrubedo

La duna móvil de Corrubedo tiene dos laderas que no se parecen. La que mira al mar es larga y tendida; la que mira a tierra es corta y cae con una pendiente que supera los 30 grados. Esa asimetría es el registro de un mecanismo sencillo y continuo: los vientos del suroeste empujan los granos de arena ladera arriba, rodando o a pequeños saltos, hasta la cresta; allí el material se acumula en el borde y, cuando el talud excede el ángulo en que la arena seca puede sostenerse, se desprende en avalanchas hacia el interior. Repetido miles de veces, ese desmoronamiento traslada el volumen tierra adentro. Los vientos del nordeste hacen el trabajo contrario y devuelven parte de la arena hacia el mar, de modo que la posición del frente en un momento dado es el saldo de las dos direcciones.

Las dimensiones que se leen sobre este montículo varían según la fuente porque varían según el año. La Xunta describe una duna de cerca de un kilómetro de longitud, hasta 250 metros de anchura y unos 15 metros de altura. El trabajo que Alejandro Gómez-Pazo, Augusto Pérez-Alberti y Xosé Lois Otero publicaron en Applied Sciences en 2021, con imágenes aéreas desde el vuelo de 1956, ortofotos, topografía y datos LiDAR, la sitúa en unos 900 metros de largo, 300 de ancho y cerca de 20 de altura máxima. La discrepancia no es un error de medida: es el efecto de medir algo que se desplaza.

Un frente que cambió de sentido

Ese mismo estudio distingue dos etapas en el comportamiento del frente dunar. Entre 1956 y los años ochenta se registró un avance medio de unos 32 metros hacia el mar, en buena parte atribuible al aumento de la superficie con vegetación respecto a 1956, cuando la arena dominaba el sector. Desde 1989, en cambio, el frente progresó unos 81 metros hacia el interior, con más de 30 metros solo a partir de 2004.

Mientras avanzaba, perdía altura. Las mediciones de la cresta dan 21 metros en 2001, 20,31 en 2008, 19,59 en 2010 y 18,51 en 2015. Entre 2008 y 2015 la elevación media del sector analizado descendió 0,55 metros y el balance volumétrico fue negativo en 269.481 metros cúbicos. La erosión resultó dominante en el flanco expuesto al mar, mientras en el flanco interior se formaban acumulaciones de arena llevada a la cresta por canales de deflación, con movimientos por gravedad que frenaban en parte la progresión. Dicho de otro modo: la duna no se está deshaciendo, se está extendiendo y aplanando a medida que migra.

El papel de las plantas

Buena parte de esa transformación tiene una causa vegetal. La cubierta de plantas en el complejo pasó de 33 hectáreas en 1956 a 93,9 en 2017, y se mantiene por encima de las 80 desde 2002. Las especies que colonizan la arena tienen raíces muy largas que buscan agua en profundidad y, al hacerlo, fijan el sustrato; algunas, como la arenaria de mar, almacenan agua en hojas carnosas cubiertas por una capa de cera que las protege de la sal. Cada mata que arraiga inmoviliza el sedimento que tiene alrededor.

Cuanta más superficie fijada, menos arena disponible para el transporte eólico, y menos material llega a la cresta. Los autores del estudio relacionan este aumento de cubierta con un proceso observado en dunas costeras de otras regiones, asociado a temperaturas más altas, mayor disponibilidad de nutrientes y vientos menos intensos. La consecuencia local es la que se mide: un sistema móvil más pequeño dentro de un complejo dunar que sigue siendo extenso.

Lo que hicieron las máquinas y lo que hicieron los pies

A la dinámica natural se superpusieron dos impactos de origen humano bien documentados. El primero fue la extracción de arena para la construcción, habitual hasta comienzos de los años noventa, que redujo el volumen dunar en una cantidad difícil de cuantificar y dejó huellas todavía visibles en forma de charcas en el sector nororiental y en las proximidades de la desembocadura. Al retirar arena y cubierta vegetal, se reactivaron procesos erosivos.

El segundo caso es más pequeño y más instructivo. A comienzos de los años dos mil se instaló una pasarela de madera que cruzaba la duna por el fondo de un corredor de deflación del sector sur, próximo a la desembocadura, una de las principales vías de entrada de sedimento al sistema. Los travesaños, de unos 15 centímetros de anchura, interrumpían el paso de los granos que avanzaban por saltación y rodadura.   Con viento oblicuo, un lado de la estructura funcionaba como zona de acumulación y en el opuesto se formaba un escalón de pocos centímetros que acabó actuando como foco inicial de una erosión mucho mayor. En algunos tramos la propia arena terminó cubriendo la pasarela. Además, el acceso a la cresta se volvió cómodo y el talud empezó a usarse como tobogán. Tras retirar la estructura, en 2006 se observó cierta restauración de la dinámica natural en ese sector, con la reaparición de ondulaciones en la superficie.

Las pisadas dejan una huella igual de medible. La longitud total de los senderos abiertos por los visitantes alrededor de la duna pasó de 1.312 metros en 1956 a 11.201 en 2002, y descendió después hasta 4.986 en 2017, un cambio que el estudio vincula a las sanciones por rebasar los límites y a una vigilancia más estricta, aunque las huellas sobre la arena siguen siendo frecuentes. Por eso caminar sobre la duna está prohibido y el recorrido debe hacerse por las pasarelas y los itinerarios señalizados: cada atajo abre un canal por el que el viento encuentra menos resistencia.

Dos lagunas separadas por poco y distintas en todo

El agua organiza la otra mitad del parque, y lo hace de dos maneras opuestas. La laguna de Vixán se formó cuando la acción de las olas y del viento hizo avanzar los sedimentos arenosos hasta cerrar una flecha litoral; detrás quedó atrapada una masa de agua alimentada por el río de Os Muíños y por infiltración. Es dulce, su nivel sube en invierno y baja en verano, y su orilla está ocupada por un cinturón de vegetación acuática donde predomina el carrizo, acompañado en la parte posterior por espadañas y lirio amarillo.

La laguna de Carregal funciona al revés. Recibe los ríos Sanchanás o de Artes, Longo, Sirves e Cidá, pero se comunica con el mar por un conjunto de canales, de modo que está sometida a las mareas y su vegetación es halófila: juncales, verdolaga marina, especies adaptadas a concentraciones altas de sal. El canal principal, conocido como Río do Mar, cambia de trazado por efecto de las corrientes y de los temporales, lo que convierte el límite entre la marisma y el océano en una línea que no se puede dibujar de forma estable.

Esa diferencia química explica el reparto de la fauna invernante, que la Xunta distingue en tres áreas: Carregal, Vixán y la zona marina. Las marismas salobres concentran aves limícolas, con especies como el zarapito trinador, el correlimos común o el chorlito dorado europeo; la laguna dulce, con su carrizal, acoge sobre todo anátidas y rállidos. La época de observación también cambia el resultado: entre septiembre y abril el número de especies es mucho mayor, mientras en verano permanecen las sedentarias, como la focha común, el ánade real o el zampullín chico. En los últimos años cría aquí el aguilucho lagunero, que según la información del parque es el único punto de Galicia donde lo hace en la actualidad. Junto a Vixán existe un observatorio habilitado, que es la manera prevista de mirar sin entrar.

Por qué esta costa y no otra

Los dos arenales del parque, A Ladeira, de 1.350 metros, y O Vilar, de 3.500, comparten un rasgo poco común en el municipio: miran al Atlántico abierto, mientras la mayoría de las playas de Ribeira están abrigadas dentro de la ría de Arousa. Esa exposición es la que suministra el oleaje y el viento que construyen y remueven el sistema, y también la que lo hace vulnerable a un aumento en la frecuencia e intensidad de los temporales, un factor que el estudio de la USC señala como determinante para el futuro del espacio, junto con la subida del nivel del mar. El contexto más amplio de esta costa se explica en el recorrido por el litoral gallego.

En ese mismo arenal nidifica el chorlitejo patinegro, con un número de parejas relevante dentro del conjunto de la población gallega. Sus puestas se hacen en la arena, sin nido visible, y no hay forma de que un paseante las distinga a tiempo. La norma de no salir de los caminos señalizados también sirve para eso.

Un parque con nombre largo y reglas cortas

El Parque Natural do Complexo Dunar de Corrubedo e Lagoas de Carregal e Vixán fue declarado el 15 de junio de 1992 por el Decreto 139/1992 y abarca unas 996 hectáreas en las parroquias de Corrubedo, Olveira, Artes e Carreira, en el concello de Ribeira. Su valor ornitológico se reconoció con la inclusión en la lista del Convenio Ramsar en 1993, y el ámbito se solapa con la ZEC Complexo Húmido de Corrubedo y la ZEPA Complexo Litoral de Corrubedo, dentro de la Red Natura 2000. Su plan rector de uso y gestión se publicó mediante el Decreto 90/2021. Para entrar no hace falta autorización; sí caminar por los senderos habilitados, respetar la señalización, dejar el vehículo en los aparcamientos previstos, no acampar, no llevar mascotas y bañarse solo en las zonas permitidas. Los dos miradores acondicionados, Pedra da Ra, a 190 metros, y Castro da Cidá, a 210, permiten ver el conjunto de la duna desde fuera, que es la única perspectiva desde la que se aprecia entera.

El núcleo de Corrubedo, pueblo marinero de la misma parroquia, queda al borde del espacio protegido, con su puerto y, en el cabo, el faro que la Xunta data en 1856. Desde allí, de vuelta a la arena, conviene fijarse en un detalle de escala mínima: las ondulaciones de pocos centímetros que el viento dibuja en la superficie son el mismo proceso que desplaza el conjunto, funcionando grano a grano. Cuando reaparecieron en 2006, después de retirar la pasarela que cruzaba la duna, fueron la primera señal de que el sistema había recuperado parte de su funcionamiento.

Referencias