Quién dijo primero que Santiago estaba en Hispania
El primer texto que llama a Santiago patrón de Hispania es un himno del siglo VIII con un acróstico escondido que pide protección para un rey recién llegado al trono. Repaso de las cuatro fuentes que sostienen la tradición jacobea, qué dice cada una exactamente y qué se puede concluir de ellas.
Si se leen en vertical las primeras letras de cada verso del himno O Dei Verbum, aparece una frase escondida: «Oh rey de reyes, escucha al piadoso rey Mauregato y préstale tu protección con amor».
Ese himno, de doce estrofas, es el primer texto conocido que llama a Santiago patrón de Hispania. Se compuso hacia 784 o 785. Y lleva dentro, cifrada, una plegaria por un monarca que había accedido al trono desplazando al heredero legítimo.
Es un buen resumen de cómo se construye una tradición: fe y política en el mismo poema, escritas por la misma mano y en el mismo momento.
El problema de partida
La cuestión que hay que resolver es sencilla de enunciar y difícil de contestar: ¿en qué textos se apoya la creencia de que el apóstol Santiago predicó y fue enterrado en Hispania?
Y el primer dato incómodo es cronológico. No hay ninguna fuente contemporánea, ni cercana, ni de los primeros siglos. Los textos disponibles son muy posteriores, y la iglesia hispana primitiva no manifestó nunca conciencia de origen apostólico: Santiago no figuraba entre los santos más venerados en la Península antes de que estos textos aparecieran.
Lo que sí se puede reconstruir con precisión es otra cosa, que resulta igual de interesante: cuándo arraigó la creencia, por dónde entró y a quién le convenía.
El Breviarium Apostolorum, finales del siglo VI
El punto de partida es un catálogo breve, traducido al latín a partir de listas apostólicas bizantinas, que reparte las tierras conocidas entre los discípulos. A Santiago le corresponde Hispania y las regiones occidentales.
Conviene entender qué clase de texto es. No narra un viaje ni aporta testimonio: distribuye territorios en un esquema, del mismo modo que asigna Asia a Juan o la India a Tomás. Es un reparto simbólico del mundo entre los doce, no una crónica.
Dos palabras que acabaron fundando una ciudad
El mismo texto sitúa el enterramiento del apóstol en Achaia Marmarica. Y ahí hay un problema que los filólogos llevan siglos discutiendo, porque la expresión no encaja geográficamente: Acaya está en Grecia y la Marmárica era una región desértica entre el delta del Nilo y la actual Libia. Son dos sitios distintos y lejanos.
Se han propuesto varias explicaciones —corrupción del manuscrito, confusión entre topónimos parecidos, error de copia—, y ninguna se ha impuesto. Lo relevante es lo que ocurrió tres siglos más tarde.
Cuando en el siglo IX el obispo de Iria Flavia se encontró ante un sepulcro de piedra, leyó aquel arca marmarica no como un topónimo africano sino como lo que las palabras dicen en latín corriente: un arca de mármol. La identificación se sostuvo sobre esa lectura. Toda la historia posterior de Teodomiro y el hallazgo del sepulcro arranca de dos palabras cuyo significado original nadie ha aclarado del todo.
El respaldo de una autoridad, siglo VII
El tratado De ortu et obitu Patrum recoge la predicación de Santiago en la Península, y su importancia no está en lo que dice sino en quién lo firma: se atribuye a Isidoro de Sevilla, la mayor autoridad intelectual de la Hispania visigoda.
Esa atribución, sin embargo, se discute. Varios especialistas la ponen en duda o consideran que el pasaje pudo interpolarse después, lo cual es un problema recurrente en este tipo de textos: un añadido posterior en una obra prestigiosa vale más, a efectos de difusión, que un tratado nuevo firmado por un desconocido.
Con reservas o sin ellas, el efecto fue el que se buscaba. El nombre de Isidoro prestigió lo que el Breviarium había dicho antes y aceleró su circulación.
Beda, y la salida al exterior
El siguiente eslabón es inglés. Beda el Venerable, muerto en 735, recoge en su Martirologio y en la Homilía XCII sobre san Juan la noticia de que el cuerpo de Santiago descansa en Hispania. La formulación es directa: el hermano de Juan Evangelista, cuyo cuerpo reposa en las tierras occidentales.
La importancia de Beda no es doctrinal sino de alcance. Sus obras circulaban por toda la cristiandad latina, de modo que a partir de él la idea deja de ser un asunto peninsular y se convierte en información disponible en cualquier scriptorium de Europa. Cuando llegue el hallazgo del sepulcro, el terreno ya estará preparado fuera.
El himno de Mauregato
Y llegamos al texto con el que empezábamos, que es el más revelador de todos.
El reino de Asturias vivía en esos años una crisis doble. Por dentro, Mauregato había ocupado el trono en 783 desplazando a Alfonso, el heredero legítimo. Por fuera, la iglesia astur libraba un pulso doctrinal con Elipando, arzobispo de Toledo, a cuenta del adopcionismo: una disputa teológica que era también un pulso por la primacía eclesiástica entre la vieja sede visigoda, en territorio musulmán, y el joven reino del norte. El conflicto llegó a la corte de Carlomagno, que convocó el concilio de Fráncfort en 794.
En ese contexto se compone O Dei Verbum Patris ore proditum, himno litúrgico mozárabe de doce estrofas que se cantaba en las vísperas del 30 de diciembre. Su décima estrofa contiene la fórmula que nunca antes se había escrito: caput refulgens aureum Hispaniae, cabeza refulgente y dorada de Hispania, y le pide al apóstol que ampare a su grey como patrón especialísimo.
Aquí conviene una precisión que suele perderse: el himno no afirma que Santiago predicara en Hispania. Establece el vínculo y el patronazgo, que no es exactamente lo mismo. La predicación venía del Breviarium y del Comentario al Apocalipsis que Beato de Liébana había redactado hacia 776; lo que el himno añade es la figura del protector nacional.
Sobre la autoría hay debate abierto y merece la pena reflejarlo. La atribución a Beato de Liébana es la más difundida y la han defendido Sánchez-Albornoz, Pérez de Urbel y, más recientemente, el medievalista Fernando López Alsina. Otros especialistas, entre ellos Manuel C. Díaz y Díaz, la rechazan y consideran el himno anónimo. La datación, en cambio, no se discute.
Lo que nadie discute tampoco es el acróstico. Un reino que necesitaba legitimar a su rey y disputar la primacía religiosa a Toledo encontró un patrón apostólico propio, y lo hizo constar en un himno que se cantaba en las iglesias. Treinta o cuarenta años después apareció el sepulcro.
Qué prueba y qué no prueba esta cadena
Puestos en fila, los cuatro textos permiten afirmar bastantes cosas y no permiten afirmar otras.
No prueban que Santiago viajara a Hispania ni que fuera enterrado aquí. Todos son muy posteriores, ninguno aporta testimonio directo y el más antiguo procede de un esquema de reparto simbólico del mundo.
Sí prueban, y con precisión notable, que la creencia estaba formada y difundida antes del hallazgo del sepulcro. En el siglo VI se asigna Hispania a Santiago; en el VII la respalda una autoridad de primer orden; a comienzos del VIII sale de la Península con Beda; en 776 la asume Beato en el Comentario; hacia 785 se le proclama patrón en un himno litúrgico. Y solo entonces, entre 820 y 830, aparece la tumba.
El orden importa. La creencia no nació del hallazgo: el hallazgo llegó a una creencia que llevaba dos siglos y medio consolidándose y que en ese momento resultaba enormemente útil a un reino pequeño que necesitaba un símbolo propio.
Nada de esto obliga a concluir nada sobre la fe de nadie. Un creyente puede sostener que la tradición oral precedió a los textos, y un escéptico que los textos crearon la tradición; la documentación disponible no zanja esa discusión y probablemente no la zanjará. Lo que sí permite es fechar con bastante exactitud el proceso, distinguir cada eslabón y saber quién escribió qué, cuándo y en qué circunstancias. Que ya es bastante para un asunto de mil doscientos años.
Esta serie continúa en los orígenes del Camino y en lo que vino después del hallazgo. Y para el otro nombre que aparece siempre en esta discusión, el del obispo ejecutado en Tréveris en el año 385, hay artículo aparte.
Referencias
- Xacopedia — O Dei verbum — datación entre 784 y 785, texto de la estrofa dedicada al apóstol, precisión sobre lo que el himno afirma y no afirma, y estado del debate sobre la autoría.
- El Himno de Mauregato — estructura en doce estrofas de cinco trímeros yámbicos, texto completo del acróstico y ausencia de confirmación documental sobre la autoría.
- Beato de Liébana: un testigo de su tiempo (s. VIII) — posiciones de Sánchez-Albornoz y Pérez de Urbel frente a la de Díaz y Díaz respecto a la atribución del himno.
- Beato de Liébana (Wikipedia) — fecha del Comentario al Apocalipsis en 776, mención de Santiago como evangelizador de Hispania y relación del himno con el Comentario.
- Mauregato de Asturias — acceso al trono en 783 en detrimento del heredero, disputa adopcionista y traducción del acróstico.
- Mozarabia — Texto latino del himno — décima estrofa con la fórmula caput refulgens aureum Hispaniae y uso litúrgico en las vísperas del 30 de diciembre.
- Beato de Liébana y el patronazgo de Santiago — contexto de la disputa con Elipando de Toledo y convocatoria del concilio de Fráncfort.
- Theodemir of Iria (Wikipedia) — lectura del arca marmarica del Breviarium Apostolorum en el momento de la identificación del sepulcro.